Terminaron las pruebas de skate en los Juegos Olímpicos de París 2024, y con ello se cierra un capítulo trascendental para un deporte que durante mucho tiempo luchó por encontrar su lugar en la sociedad. Desde sus orígenes (se dice que a finales de los 40), quienes patinaban eran vistos como vagos, desocupados, almas sin oficio ni beneficio. Décadas en donde el skate fue considerado parte de la contracultura, la rebeldía de los jóvenes, de la clandestinidad de las calles. La mala fama del skate era extensa, al igual que la del surf, que podría considerarse su progenitor.
Hoy, ambos deportes han encontrado su hogar en las olimpiadas, debutando en Tokio 2020 (2021). Desde entonces, la afición ha crecido exponencialmente, y con ella, el número de competidores de todas las edades y rincones del mundo. Porque para patinar no hay edad, sólo las ganas y una tabla. Lo demás viene por añadidura: ese sentido de libertad que tienes al tomar una tabla y dirigirte a una rampa o un riel no tiene precio. El reto siempre es superarte a ti mismo, a nadie más. Si caes, te sacudes, te levantas y lo vuelves a intentar, siempre con el ánimo de tu crew, quienes estarán ahí para apoyarte o burlarse, lo que vaya mejor en el momento, o con tu canción favorita de fondo o en tus audífonos, porque la música siempre ha sido parte importante de este deporte.
El más grande patinador de todos los tiempos, Tony Hawk, reflexionó en sus redes sociales sobre la sorpresa de muchos ante las cortas edades de los nuevos talentos, algo que a los veteranos no les extraña. “Lo que falta en la conversación es el hecho de que ahora podemos seguir patinando en nuestras vidas adultas y aún ser considerados relevantes o innovadores. Para contexto: me convertí en profesional a los 14 años, en 1982. La mayoría de mis compañeros tenían casi la misma edad. Los ‘mayores’ patinadores durante esa época estaban en su adolescencia. Y eras considerado demasiado viejo al llegar a la mayoría de edad”, compartió.
El skate dejó de ser hace mucho un mero pasatiempo que se practicaba en parques hechizos o en las calles con temor a ser multado o perseguido por algún policía. Hoy es una carrera. La generación de Tony nunca se desanimó y, pese al declive del deporte en los 90, en los 2000 tuvo un nuevo auge con el nacimiento de los X-Games, evento que resucitó al skate y le dio mayor visibilidad. Además, con la llegada de las consolas de videojuegos en 3D, el skate encontró un nuevo impulso, con juegos que se convirtieron en íconos y que hoy en día siguen cosechando éxitos en sus remakes.
Hawk añadió: “Ahora somos mucho más viejos, pero seguimos patinando activamente, lo que significa que la categoría ‘pro’ abarca ahora cuatro décadas. Los niños empiezan a patinar a una edad más temprana porque se les anima a hacerlo, y están aprendiendo técnicas avanzadas gracias a los conocimientos y recursos disponibles. No fuimos tan afortunados, especialmente las pocas chicas valientes que se atrevieron a patinar entonces, pero perseveramos. Nada de esto disminuye el factor de dificultad del skate moderno; todos nos paramos sobre los hombros de los gigantes que nos precedieron. Simplemente pasa que los gigantes siguen aquí, disfrutando del viaje”.
Antes eran pocas las chicas que se atrevían a desafiar las rampas, los rieles y el mismo suelo, pero hoy, ellas demuestran que están al nivel de esos grandes que consolidaron este deporte. No se dejan amedrentar por nada ni nadie, y un claro ejemplo es Arisa Trew, de tan sólo 14 años, con un oro olímpico y siendo la primera mujer en realizar un 720 y un 900 (movimiento insignia de Hawk) en una competición oficial. Sin duda, ella ya tiene un capítulo especial en el libro del skate.
En París 2024, también brilló Andrew Macdonald, un patinador británico de 51 años. Viejo conocido de Hawk, quien no perdió la oportunidad de animarlo. “He sido amigo de este tipo durante los últimos 30 años y es uno de los patinadores más talentosos y hardcore que jamás conocerás. Se fijó un audaz y extravagante objetivo en 2016: clasificarse para los Juegos Olímpicos cuando se acercaba a los 50 años. Andrew tiene 51 años y ahora puede añadir ‘Olympian’ a su larga lista de reconocimientos. No es que ninguno de nosotros esperáramos, o incluso quisiéramos, estar aquí en nuestros años de formación. Pero no podríamos pedir un mejor representante de nuestra generación para estar en el escenario mundial”.
Este testimonio es un claro reflejo de la evolución del skate y cómo ha llegado a consolidarse como un deporte legítimo y respetado. Las historias de Andrew Macdonald, de 51 años, y Dallas Oberholzer, de 49 años, de Sudáfrica, son inspiradores ejemplos de que el skate no es sólo un deporte para jóvenes, sino una pasión que puede durar toda la vida. Basta con ver a Tony Hawk a sus 56 años aún patinando y haciendo su movimiento insignia, el 900, pese a las lesiones, y yo, a mis 36 con miedo de volver a agarrar una tabla y caerme de nuevo, pero con estos ejemplos, probablemente retome las calles, así que, si me ven, no se rían, no es mi crisis de la mediana edad, es mi emoción al ver las competencias.
El skate ha recorrido un largo camino desde sus días de rebelión y contracultura. Ahora, en el escenario olímpico, se ha ganado el respeto y la admiración de todo el mundo, demostrando que no importa la edad, el skate es una forma de vida, una pasión y una expresión de libertad que sigue evolucionando y superando barreras.


