
La soberanía nacional es la esencia para que México se mantenga como país independiente y para que cada mexicano pueda desplegar todo su potencial humano. En ese contexto, el Gobernador del Estado Miguel Ángel Navarro Quintero no deja de mostrar su altura de miras. Recorre las colonias, atiende a los pueblos más apartados de Nayarit. Ha enfatizado la promoción del estado como destino para empresarios y para turistas del país y del resto del mundo. No descuida ningún frente relacionado con el bienestar de todos los nayaritas. Ahora, como en otras ocasiones, Navarro Quintero se suma a todo un movimiento que tiene por objeto la defensa de la soberanía nacional. Esta defensa es prioridad de prioridades.
La convocatoria del Gobernador de todos los nayaritas se dirigió a todos los nayaritas. No se trató de una convocatoria para militantes de unas siglas u otras. La ciudadanía que se mantiene firme en la defensa de la soberanía nacional, no puede poner de pretexto para no defender a la nación, la militancia en unas siglas u otras.
Antes que todo, es necesario que se le refresque la memoria a esos que desearían que México continuase siendo un virreinato. Refrescada de memoria a los que suspiran por la figura de Maximiliano de Habsburgo. Recordatorio para los que suspiran por las ollas de Egipto. ¿Qué es lo que entendemos por soberanía nacional? El Pacto Federal mantiene viva la definición de lo que es esa soberanía nacional: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Así pues, la soberanía nacional, es el poder del pueblo, concepto este ligado al de la democracia, que nos remite a la etimología “El poder del pueblo”. Concepto este, claro está, que se ajusta a la modernidad.
La Ley Fundamental es la manifestación de un acuerdo nacional en el que sobresale una definición de orden histórico. Ese gran acuerdo es producto de amargas experiencias como país. Amargas experiencias que a México le costó el despojo de más de la mitad de su territorio. Amargas experiencias que le costaron el sufrimiento de mexicanos que debieron combatir durante las diversas invasiones de las que fue objeto el país.
A mediados del sigo XIX, Mariano Otero cuestionaba la realidad política del país. Cuando alguien hablaba de “nación”, el jurista jalisciense se preguntaba, ‘¿cuál nación?’. La interrogación era la necesaria en un contexto en el que unas fuerzas se mostraban dispuestas a sacrificar la existencia misma del país, con tal de no ver que prosperasen los adversarios.
La Constitución de 1857 sirvió para unificar las fuerzas del país en términos de lo que el mismo Mariano Otero definía como “unidad fundamental”. Esa unidad en la diversidad significa que algunas coordenadas pueden ser útiles para que el gran acuerdo sea posible, con lo que se avanzó en la construcción de una nación pluricultural y plural en términos ideológicos.
Una de las coordenadas que dan fuerza y cohesión nacional es el de la soberanía. En México, izquierdas y derechas y otras fuerzas de presencia significativa, han cerrado filas en torno a la defensa de la soberanía nacional. Es verdad y debe decirse, que algunos trasnochados quisieran que los Estados Unidos invadiesen al país.
Reafirmar esa voluntad para que México se mantenga como una nación independiente, es necesario y obliga al ejercicio popular. Esa es la razón por la que el llamado del Gobernador Navarro Quintero es oportuna y necesaria. La convocatoria que ha hecho el mandatario nayarita para participar en las Jornadas en Defensa de la Soberanía Nacional ha tenido una respuesta inmediata.
Es interesante ver que la respuesta fue clara y firme. Es de la mayor significación valorar un dato que parece menor. El llamado ha sido formulado prácticamente de un día para otro. No obstante, la demostración de apoyo a la defensa de la soberanía nacional, fue contundente. De haberse preparado una manifestación de mayores dimensiones, bien podrían haberse reunido cinco, diez, quince veces o más, los números de manifestantes que vimos.
El Gobernador Miguel Ángel Navarro, en otras ocasiones ha reunido a los nayaritas con esa misma causa. Una causa, la defensa de la soberanía nacional, que fortalece y reafirma la voluntad de mantenernos como nación independiente. En este caso, la manifestación también posee una dimensión institucional de dimensiones análogas. Esa dimensión debe traducirse como una muestra de solidaridad, de respaldo, de pleno apoyo a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que ahora atraviesa por una tormenta mundial que ataca los cimientos de las naciones mismas, de la soberanía de los pueblos, de las naciones.
Ese ataque a la soberanía de los pueblos, también constituye un ataque directo a la democracia. Los pueblos han decidido vivir en espacios y con reglas definidas que dan rostro a los países. Cada pueblo, en Francia, en Vietnam, en Guatemala, se dio a la tarea de acordar los términos de su propia unidad nacional.
Ese gran acuerdo que cohesiona a la nación, se plasma en un Pacto de la Unión. Esa es la línea que se traza desde la Constitución Federal, que le da sentido y dirección al proceder del Gobierno Federal. Esa es la razón por la que una y otra vez la Presidenta Sheinbaum Pardo se ha referido al mandato constitucional en cuanto a la política exterior del país. Cita el texto del 89 constitucional, que orienta a la persona titular del Ejecutivo Federal para dirigir la política exterior en acatamiento a los principios normativos como la “autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”. Estos son los principios juaristas que desde el siglo XIX fueron postulados. Así, la Presidenta Claudia Sheinbaum manda obedeciendo. Lo mismo aplica en el caso del Gobernador Navarro, que una y otra vez ha dejado en claro que quien recibe un mandato, debe ejercerlo para bien de todos. Ese “todos” es el que manda. El mandante es el pueblo, donde reside la soberanía.
En ese contexto, en el que los Estados Unidos se han convertido en una expresión decimonónica troglodita, la soberanía nacional, en el que nuestra imperfecta democracia es atacada, se requiere el cierre de filas. Tirios y troyanos, montescos y capuletos, deben anteponer a sus intereses, los superiores intereses de la nación. Los que desean traer otro Maximiliano de Habsburgo, se niegan y reniegan de la soberanía nacional. Los hay, de que los hay, los hay. A estas alturas sigue habiendo quintas columnas.
Ante las amenazas de gobiernos de otros países, lo que procede es la unidad fundamental. Esa unidad fundamental es la que postulaba Mariano Otero a mediados del siglo XIX. Todos los mexicanos podemos y casi hasta debemos discrepar en algún momento (con argumentos, con razones), pero ante una amenaza proveniente de otros países, lo que procede es la unidad para la defensa de nuestra soberanía. Quienes se apresten como glúteo-prontos, no están a la altura de la historia de México ni a la altura de la dignidad que debe defenderse defendiendo la soberanía de México.







