
¡Híjole, chato! Mire usted que uno amanece con la idea de que la palabra empeñada es como un contrato de mármol, pero en la política nacional, la palabra es más bien como un chicle de esos que se estiran tanto que acaban pegados en la suela del zapato. Resulta y resalta que este lunes 2 de marzo estaba marcado en el calendario con letras de oro para la entrega de la gran Reforma Electoral, pero fíjese usted que nos dieron las diez y las once, y las doce, y el famoso documento simplemente no asomó la nariz por San Lázaro. Y aquí le confirmo el detalle con el reporte de Reforma en la mano: son las 21:54 horas de este martes 3 de marzo de 2026, y el líder de Morena, Ignacio Mier, sale del Palacio Nacional para decirnos que siempre no, que “mañana” miércoles será el día bueno.
¿Y por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?, se preguntará usted. Pues resulta que nuestra señora Presidenta, la doctora Sheinbaum, ha decidido aplicar la de “pausa técnica” por tercera vez. Dicen que es una revisión para que el proyecto final sea sólido como una roca, pero fíjese que el río suena porque piedras lleva, y esas piedras tienen nombres de colores muy conocidos: Verde y PT. Estos aliados, que juran lealtad eterna frente al micrófono pero cuentan los billetes bajo la mesa, se han puesto flamencos porque la reforma viene con un hacha afilada para mocharles el 25 por ciento de su presupuesto y el de los tribunales electorales. Pero lo que de veras les dolió es que les quieren quitar el control de las listas plurinominales para que ahora el legislador sea electo por voto directo. ¡Hágame usted el favor! Les quieren quitar el “negocito” de repartir curules desde la cúpula, y eso, chato, no se perdona ni en nombre de la transformación.
Ahí está el detalle, porque sin esos votos, el famoso “Plan C” se nos queda en puro “Plan Chasco”. A Morena le faltan nada menos que los votos de sus aliados para alcanzar esa mayoría calificada que abre las puertas de la Constitución. Ignacio Mier sale del cónclave asegurando que la iniciativa será presentada este 4 de marzo en la Cámara de Diputados, pero el retraso revela que el lápiz sigue tachando y corrigiendo lo que los socios no quieren firmar. Es una cosa verdaderamente asombrosa: se pelean por la democracia pero el pleito de a de veras es por quién se queda con el cambio de las tortillas presupuestales.
Mientras tanto, en la Cámara de Diputados, la presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, se quedó como dicen en mi pueblo: como las novias de rancho, vestidas y alborotadas. Ella se mantiene a la espera de recibir el paquete legislativo, pero el silencio de Palacio pesa más que una losa de concreto en domingo. La expectativa en San Lázaro es total, pero el documento no ingresa formalmente porque, según dicen, se están realizando “ajustes de última hora” en su redacción técnica. ¡Ándele! Es como si el panadero le dice que el pan ya está, pero que todavía no abre el horno porque le está revisando el color de la costra.
Y fíjese bien en el detalle de los tiempos, porque aquí es donde la puerca tuerce el rabo. El periodo ordinario de sesiones se nos acaba el 30 de abril, y si quieren que estas nuevas reglas, esas que incluyen prohibir la reelección en 2030, regular el uso de Inteligencia Artificial en las campañas y prohibir de tajo a los bots, apliquen para las elecciones de 2027, tienen que tener todo aprobado y bendecido a más tardar el 31 de mayo. Si se pasan de esa fecha, pues ya se les hizo tarde y todo el borlote se va hasta el 2030, dejando las cosas tal cual están hoy.
La reforma trae cosas que suenan muy bonito en el discurso, como el recorte de los tiempos de radio y televisión de 48 a 35 minutos diarios, o las restricciones para evitar que los familiares hereden los cargos, ese famoso “no nepotismo”. Pero entre el decir y el hacer hay un abismo lleno de negociaciones donde los socios electorales están cobrando muy cara su firma. Al final del día, lo que vemos es que la “austeridad” es miel sobre hojuelas cuando se le aplica al vecino, pero cuando se trata de la supervivencia de las cúpulas partidistas, la soberanía se nos vuelve flexible y la técnica se nos vuelve “mañana miércoles”.
La realidad es monda y lironda: el tiempo apremia, los aliados están de mecha corta y la Presidenta no quiere entregar un proyecto que nazca muerto en la tribuna por falta de manos que lo aplaudan. Por el bien de todos, dicen, pero parece que el bien tiene que pasar primero por la caja registradora de los socios políticos antes de llegar a la urna del ciudadano de a pie. Habrá que ver si mañana miércoles, ahora sí, se dignan a entregar el papelito, o si seguiremos esperando un tren que parece que se descarriló en el camino hacia la Gaceta.
Ahí, precisamente ahí… está el detalle.







