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viernes, abril 24, 2026
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Bocelli y Los Ángeles Azules en el Zócalo…

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En verdad… [nada que ver en este caso con el “amén, amén légo hymín” con que el Jesús del evangelio de Juan introduce alguna expresión relevante] no recuerdo si en alguna colaboración anterior he escrito ya que del “Sistema de la totalidad de lo real” propuesto por Hegel en su “Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas” lo que ―desde el primer contacto que tuve con él― me pareció más relevante fue lo que corresponde al ámbito del Espíritu Objetivo [Derecho, Moralidad y Eticidad] y, sobre todo, al ámbito del Espíritu Absoluto [Arte, Religión y Filosofía] que serían los niveles más densos y plenos de la realidad y ―desde entonces― estoy de acuerdo con él, solo que con una variante, ya que considero ―a diferencia del filósofo suabo― que, sin negar la relevancia de la razón humana, las artes y las religiones, si bien son incapaces de asir lo absoluto [lo que Hegel considera que la razón humana ha llegado a ser capaz de asir], hacen posible el acceso ya sea estético-sensible, ya sea sacro-espiritual a ese ámbito de realidad que, para muchos, no es sino ilusión…

Esta larga y compleja introducción ¿para qué?

Para intentar traducir a palabras escritas la experiencia estética vivida el pasado sábado con el concierto ―patrocinado por el Banco Plata, transmitido por Televisa y― encabezado por Andrea Bocelli en el Zócalo de la Ciudad de México…

Durante la transmisión del partido Cruz Azul vs Tijuana me enteré que a la seis de la tarde de Tepic se transmitiría, en vivo, el concierto de Andrea Bocelli y Los Ángeles Azules que se llevaría a cabo en el Zócalo [de manera simultánea con el partido entre el Guadalajara y el Puebla]…

De inmediato le envié un mensaje a mi amiga Paula ―una grande admiradora del tenor italiano― para preguntarle si ya estaba lista para ver el concierto, a lo que me respondió afirmativamente…

Confieso que, en vivo, no vi el concierto “de corrido”, ya que estuve “campechaneando” entre el partido de las Chivas y el concierto, pero acabé viéndolo casi completo en el canal que retransmite al Canal de las Estrellas dos horas después y, posteriormente, en algunos espacios de YouTube [con muy baja calidad, por cierto] y, ahora y aquí, mientras escribo estas “palabras”, en un video con muy buena calidad y ¡prácticamente sin lo comerciales!

En la mayoría de medios tradicionales y en redes sociales se hicieron diversos comentarios ―prácticamente todos positivos― acerca del concierto y de quienes participaron en él: la soprano Larisa Martínez, el barítono Juan Carlos Heredia, la violinista Rusanda Panfili, Ximena Sariñana, la Orquesta Sinfónica de Minería, dirigida por Carlos Bernini y, por supuesto, Los Ángeles Azules [destacados en el promocional del evento]. Me pareció particularmente completa la crónica que apareció en el portal de “Línea política” ya que en ella se describen los momentos del concierto de principio a fin, así como las piezas y temas interpretados por Bocelli y sus acompañantes y se hace mención de las bailarinas y bailarines [Angélica Gismondo, Francesco Costa, Brittany O’Connor y Paul Barris] que enriquecieron “la experiencia visual y escénica del espectáculo”.

La primera parte del programa se centró en piezas de ópera emblemáticas…

En la crónica mencionada, se destacan los momentos en que la soprano Larisa Martínez, junto con el tenor Bocelli y el barítono Heredia interpretaron fragmentos de “Il trovatore” y de Carmina Burana…

Tomando como punto de partida el promocional del evento antes mencionada, se podría decir que el momento central del concierto habría llegado en el momento que hicieron su aparición en el escenario Los Ángeles Azules y Ximena Sariñana interpretando “Mis sentimientos”, eso sí, un momento antecedido por una primera incursión en la música popular con la interpretación de “Caruso” de Lucio Dalla, la zarzuela “Amor, vida de mi vida” [interpretada con un profundo sentimiento con el que parecía imposible no entrar en comunión] y un guiño al tango con “Libertango” interpretada al violín por Rusanda Panfili ―quien se había hecho presente en el escenario acompañando “Amor, vida de mi vida”― y bailada por Brittany O’Connor y Paul Barris.

Obviamente, el ambiente cambió con estas presencias en el escenario, la que prosiguió con la interpretación de “What a Wonderful World” en la voz de Ximena acompañada no solo por “Los Ángeles”, sino por la flauta de Andrea Bocelli…

El momento cumbre de la noche ―al menos para mí―, se alcanzó en el momento en que se combinó Iztapalapa con La Toscana y “la Toscano”, lo clásico y la cumbia en “Vivo per lei” [que es considerada uno de los temas más exitosos del tenor toscano y que en la ambivalencia de “lei” se puede referir a la amada de carne y hueso, a la música o, incluso, a “usted”].

No parece haber sido fácil esa fusión sin confusión que supuso, como en toda fusión, un esfuerzo por llegar a un punto de encuentro armonioso, el cual parece haberse logrado en buena medida, si bien los críticos más perspicaces alcanzaron a detectar algunas desarmonías en los movimientos iniciales que, sin embargo, no impidieron que la interpretación de Bocelli y de Pía Toscano alcanzara momentos increíbles [como lo habían hecho ya, en el Festival de Viña del Mar 2024 donde se presentaron juntos por primera vez y en donde se pueden apreciar mejor la voces de ambos intérpretes: la voz fresca de Pía y la voz en cuyo vibrato se iba percibiendo ya el paso y el peso de los años]; momentos posibilitados por un acompañamiento sutil de la Orquesta y de “Los de Iztapalapa para el mundo”…

Inmediatamente después, el tenor italiano y la soprano neoyorkina interpretaron “Il canto della terra” la que fue acompañada por los bailarines Angélica Gismondo y Francesco Costa…

Para ir concluyendo, el tema más exitoso de Bocelli “Con te partirò”, un canto de esperanza [Me iré contigo, países que nunca he visto y experienciado, contigo los viviré…”] y, como final, final, el final más clásico y poco menos que insoslayable: “Nessun dorma”, otro canto lleno de esperanza: [“Vete noche / tramonten estrellas… ¡Al alba venceré! Vincerò!, Vincerò!

Por eso decía al principio que las artes están por encima de la filosofía [con el perdón de colegas y alumnos] porque posibilitan “vislumbres de lo otro” [Luis Villoro “dixit”], “contemplar al Amado que “por el oteo asoma” [San Juan de la Cruz].

Y, para concluir, puedo decir que, una vez más… ¡así ha sido!

Lástima que la bandera tricolor, ondeando a media asta para recordar el aniversario luctuoso de Elvia Carrillo Puerto defensora de los derechos de las mujeres enviaba un mensaje que reta a esa esperanza, eso sí, sin aniquilarla…

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