Enterado de su existencia por Mónica Uribe ―socióloga e historiadora experta, entre otras cosas en la relaciones Iglesia-Estado― y de su exhibición a través de Martha, mi esposa, “Obispo rojo” [un documental con tres horas de duración acerca de Don Sergio Méndez Arceo producido y dirigido, con base en una investigación personal por Francesco Taboada Tabone] se convirtió en algo que “había que ver” y que terminé viendo dos veces [dejando en mí una impresión general de estar frente a un poliedro gigantesco que requeriría una aplicación minucioso de un método de análisis riguroso como el que propone René Descartes en su “Discurso del método”, el cual parte de aceptar solo aquello que se muestra con claridad y que se distingue de todo lo demás, pasando a dividirlo en tantas partes como sea posible, analizando cada una de ellas de las más fáciles a las más difíciles configurando con ellas una síntesis ordenada y haciendo una revisión de manera de tener la seguridad de no haber omitido nada…].
Obviamente, ese poliedro gigantesco es símbolo de la figura multifacética de quien fuera obispo de la Diócesis de Cuernavaca de 1952 a 1983, a lo largo pues, de treinta años que también pueden tener un significado simbólico…
Sin poder ser exhaustivo ―sobre todo no teniendo “ante los ojos” el documental― y sin tener tampoco claridad en cuanto a los tres momentos en que se podría dividir el documental de acuerdo con algunos comentarios, creo tener tres dimensiones de ese poliedro gigantesco y complejo que es Don Sergio: la dimensión eclesial; la dimensión socio-política y la dimensión internacional…
Como tantos miles de personas ―creyentes y no creyentes― en mi adolescencia fui testigo de la Misa dominical con mariachi [conocido como “Misa Panamericana”] presidida por Don Sergio en la Catedral renovada de la “Ciudad de la eterna primavera”, pero hasta que vi “Obispo rojo” pude dimensionar el carácter revolucionario no solo de introducir música de mariachi en la liturgia sino de la revolución arquitectónica introducida en un templo que data del siglo XVI con una doble finalidad: recuperar, en la medida de lo posible, el diseño original y rediseñarlo ―anticipadamente― de acuerdo con la liturgia renovada que se haría oficial en el Concilio Vaticano II, con la celebración “de cara al pueblo”…
En esa renovación de la Catedral ―como se aprecia en el documental― fue clave la figura de un joven arquitecto y monje benedictino ―Fray Gabriel de la Mora―, quien, previamente, había diseñado la capilla del Monasterio benedictino de Santa María de la Resurrección que se haría famoso ―como se puede apreciar también en el documental―, por la introducción de la práctica [comunitaria al parecer] del psicoanálisis [en un primer momento de tipo frommiano y, posteriormente, freudiano-kleiniano] promovida por el Abad belga José Lemercier con el apoyo de Don Sergio, quien también apoyaba la introducción del psicoanálisis en la vida cristiana…
Esta experiencia monástica que en los años setenta fue llevada al cine por Francisco del Villar bajo el nombre sugerente “El monasterio de los buitres” con un elenco de primer nivel, por tratarse de una muestra de la apertura de Don Sergio a los movimientos intelectuales y culturales del momento, bien puede conducir a otra dimensión de su poliédrica figura: la fundación del Centro Cultural de Documentación [CIDOC], fundado en 1966 por otra figura controversial: Iván Illich, quien trasladó a Cuernavaca el Centro de Formación Intercultural [CIF] que había fundado en la Universidad Fordham en Nueva York cuyo propósito consistía en “capacitar a los misioneros norteamericanos, no sólo para hablar español, sino sobre todo para entender y respetar las culturas de los países latinoamericanos, no desde la perspectiva de una cultura dominante que piadosamente les lleva la salvación, sino propiciando un diálogo intercultural entre semejantes”.
Durante los diez años de vida de la institución [1966-1976] en el CIDOC se realizaban intensas discusiones respecto a latinoamérica y el desarrollo y, como se afirma en el sitio ivanillich.org.mx, “en los jardines te podías encontrar en los recesos de los seminarios, tomando un café o caminando bajo las sombras de las jacarandas y los tulipanes a intelectuales de la talla de Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire, Sergio Méndez Arceo y otras innumerables y destacadísimas personalidades de los cinco continentes”. Asimismo, en el documental, se afirma que en ese Centro se hicieron presentes importantes personajes de los movimientos guerrilleros latinoamericanos.
Aunque es difícil detectar el núcleo central del pensamiento ―poliédrico también― de quien descubriera el mundo latinoamericano a través de su trabajo con las comunidades puertorriqueñas de Nueva York, se puede decir que su crítica se dirige particularmente hacia “la buena nueva del desarrollo” entendida como una “fe globalizadora que une a creyentes y agnósticos, a los capitalistas y a los socialistas, a los industriales y a los ecologistas, a los conservadores e incluso a muchos de los rebeldes”, entre cuyos signos se puede mencionar la creencia de que las escuelas y los hospitales son una necesidad indispensable…
La tercera dimensión del poliedro Méndez Arceo es aquel que se subraya con mayor intensidad en “Obispo rojo”: su compromiso social y político en el que su convicción de que el capitalismo no solo no es evangélico, sino que es antievangélico y su simpatía por algún tipo de alternativa socialista; su opción por los obreros frente a los empresarios y su exhortación a ir más allá de loa organización sindical, hacia la organización política; su solidaridad con los movimientos campesinos, la defensa de las colonias populares nacidas de la invasión de tierras, su acercamiento a los movimientos guerrilleros en tierras morelenses, su rol mediador en secuestros llevados a cabo por la guerrilla y la afirmación de que no había otra opción para el cambio que la lucha armada, así como su invitación a leer la obra de Carlos Marx y su cercanía con Fidel Castro y Salvador Allende… no solo muestran diversos elementos de su perfil sociopolítico, sino también los motivos por lo que tuvo que enfrentar el rechazo de amplios sectores de la sociedad, la incomprensión y el vacío de sus hermanos obispos y del Vaticano, particularmente durante el pontificado de Juan Pablo II por su solidaridad con las luchas de liberación en Centroamérica…
Interesante sin duda “Obispo rojo”, un documental que vale la pena no solo ver sino desmenuzar, analizar, asimilar, actualizar…
Y cuyo grito “queremos obispos al lado de los pobres” debe ser escuchado por León XIV, como sin duda lo es en la Casa del Padre…







