
En un congreso de tecnología, dos hombres bromeaban en voz baja con un doble sentido sobre cierto aparato. Una mujer sentada justo delante los oyó, los fotografió y subió la foto a Twitter, molesta. La empresa de uno de ellos lo despidió esa misma semana. Pero la multitud no se detuvo ahí: se volvió contra ella, la amenazó de muerte, publicó sus datos, atacó a su empresa, y también la dejó sin trabajo. Un chiste tonto, una foto, un tuit, y dos personas en la calle. Jon Ronson lo reúne en Humillación en las redes, entre otros muchos casos así. La turba digital no tiene bando: castiga al que ofende y al que se ofende, devora a quien señala y a quien es señalado. No busca justicia. Busca sólo a quién señalar mañana.







