En los campos del tradicional torneo “Al Agua Patos”, en Tepic, un chamaco empezó a hacer travesuras con el balón. Y no cualquier travesura: años después, ese mismo muchacho le clavaría dos goles a Brasil… sí, a Brasil, y nada menos que en una final.
Según las malas lenguas de las buenas gentes, desde niño parecía tener un pacto secreto con la pelota. Su nombre era Miguel Ángel Zepeda Espinosa, nacido en Tepic, Nayarit, el 25 de mayo de 1976.

A los cinco años de edad comenzó a jugar con el equipo Raga Lee en el torneo “Al Agua Patos”, en el cual fueron campeones en 1982. Al mismo tiempo, asistía a la escuela de futbol dirigida por Víctor Rorro Luna. Su talento era evidente.
Se dice, se cuenta, se rumora que competía cada balón como si le debieran dinero y jugaba con esa combinación peligrosa de talento, descaro y valentía que convierte a un joven futbolista en la conversación obligada de cualquier cancha de barrio. ¡Amén!
Después jugó en el Real Provincia, con el que también obtuvo varios títulos, como el de la categoría Juvenil B, a los 15 años de edad, y luego con el equipo de la Secundaria Federal Número 18 en la categoría Juvenil A.

En la categoría Juvenil Especial, a los 17 años, militó en el equipo de Pantanal Provincia y también participó con el equipo de Samaria en un Torneo de Barrios de Tepic. En otras palabras, Miguel andaba haciendo méritos en todas las canchas posibles, como si supiera que el destino, tarde o temprano, iba a pedirle referencias.

En 1993 tomó la decisión que cambiaría su vida: apostarlo todo por el futbol. Ingresó al Deportivo Nayarit de la Tercera División y comenzó un camino que terminaría llevándolo a donde muy pocos llegan: la Selección Mexicana.
Tres años después, en 1996, debutó con el Atlas Futbol Club, bajo la dirección de Ricardo La Volpe, formando parte de aquella legendaria generación dorada junto a figuras como Rafael Márquez y Daniel Osorno.
Aquellos rojinegros jugaron tan bien que lograron algo casi paranormal: hacer creer a los aficionados del Atlas que los campeonatos sí eran posibles. Y vaya que estuvieron cerca. Un equipo que alcanzó la inolvidable final del Verano de 1999 ante Toluca.
Pero el momento que convirtió a Miguel Zepeda en inmortal llegó en 1999. La gran final de la Copa FIFA Confederaciones 1999. México contra Brasil. Y ahí apareció Miguel: no hizo uno, hizo DOS goles.

Aquella tarde, el muchacho que había comenzado jugando en el “Al Agua Patos” ayudó a que México derrotara 4-3 a Brasil y conquistara uno de los títulos más importantes de su historia. No cualquiera puede presumir eso; de hecho, la lista es muy corta.
Después vendrían etapas con Cruz Azul, Morelia, Toluca, Santos Laguna, incluso con con el América, San Luis Fútbol Club y Veracruz.
Pero, más allá de los equipos, Miguel Zepeda dejó algo más importante: quedó en la memoria colectiva como un mediocampista creativo, dueño de un extraordinario golpeo de balón, gran visión ofensiva y la capacidad de cambiar partidos importantes con un solo toque de genialidad.
Fuente: Nayaritas de Primera, 65 figuras del futbol de ayer y hoy. Francisco Flores Soria (1999).







