La mañana del domingo 22 de febrero en Tepic fue distinta. No fue la jornada habitual en la que las familias ocupan las mesas de los restaurantes para desayunar. En esta ocasión el aroma del café recién servido fue sustituido por el olor penetrante del humo y la incertidumbre.
Fue minutos después de las 8 de la mañana cuando las luces de alerta se encendieron en la curva conocida como El Guayabo, en el municipio de Xalisco pues sobre los carriles centrales de esta transitada arteria vial fueron colocados e incendiados dos camiones, bloqueando el paso y marcando el inicio de una jornada de miedo e incertidumbre entre la población.
El resto de la mañana transcurrió bajo un silencio prolongado que, poco a poco, se apoderó de calles, avenidas y colonias enteras.
Mientras que en las entradas de la ciudad se levantaban grandes columnas de humo que delataban la magnitud de los hechos.
Pues después del incendio de las unidades en la curva de El Guayabo, sobre la autopista Tepic–San Blas, sujetos armados sometieron al operador de un tráiler que se dirigía al norte del país cargado de plátanos; lo obligaron a descender y prendieron fuego a la pesada unidad.
Las imágenes y los videos comenzaron a circular con rapidez en las redes sociales y en cuestión de minutos, el rostro cotidiano de Tepic cambió.
El miedo se apoderó de cientos de cibernautas que seguían las actualizaciones de estos lamentables acontecimientos desde sus teléfonos móviles.
Las gasolineras dejaron de despachar combustible. Las bombas fueron cubiertas y las trabajadoras se retiraron ante el temor de quedar atrapadas en un escenario de violencia.
Las tiendas de conveniencia, como Oxxo y Kiosko cerraron sus puertas, farmacias, llanteras, restaurantes, tiendas de autoservicio y pequeños comercios hicieron lo mismo: cerrar y resguardarse.
Las calles, normalmente cargadas de tránsito vehicular quedaron semivacías. Los eventos deportivos fueron suspendidos. Las familias se refugiaron en sus hogares mientras mensajes de alerta y recomendaciones de resguardo circulaban entre vecinos a través de grupos digitales.
En contraste con el silencio civil, el despliegue de seguridad fue notorio. Elementos de la Policía Estatal y la Policía Municipal patrullaron colonias y avenidas. También se observaron recorridos de elementos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano en puntos estratégicos de la ciudad y su periferia. Mientras el Penal de Tepic fue resguardado por fuerzas federales.
El gobernador del estado, Miguel Ángel Navarro, desde temprana hora del domingo se integró a la mesa de seguridad para coordinar estrategias y reforzar acciones destinadas a salvaguardar la integridad de las y los nayaritas.
Hasta el momento de redactar estos datos no se reportaban personas lesionadas ni fallecidas. Sin embargo, el impacto social fue evidente, Tepic se convirtió en una capital detenida por el temor a la violencia.
Por la tarde las plazas y jardines de la ciudad se apreciaron vacías, en las calles de la ciudad solo se apreciaban patrullas y unidades de emergencia.
Los bomberos del estado y socorristas siempre alerta para atender cualquier llamado de emergencia.
Fotografías: Misael Ulloa





