Comienzo recordando un poster de la CDDH-Nayarit cuyo contenido se reducía a siete palabras: “Hoy también es Día de la Mujer” cuyo sentido subrayaba ―de manera algo críptica― la relevancia de no limitar a un día del año la visibilización y la reflexión en torno al reconocimiento de las desigualdades que afectan a las mujeres y extender las acciones tendientes a la igualdad, así como a la erradicación de todo tipo de violencia contra ellas, sino hacerla extensiva a todos los días del año…
Ahora bien, esa exigencia que cada día se ha de tener presente, no obsta para que un día ―el 8 de marzo― se haya establecido oficialmente como Día Internacional de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas el año de 1975 teniendo como propósito proseguir las reivindicaciones laborales de mujeres trabajadoras que exigían [desde mediados del siglo XIX] jornadas justas, salarios dignos y el derecho al voto y ampliarlo hacia la erradicación de todo tipo de desigualdad de género y de violencia.
Y, obviamente [obvio, microbio, diría mi nieta Luciana], en torno al 8 de marzo se multiplican los textos y las acciones correspondientes…
Un simple asomo superficial a las portadas de los diarios de circulación nacional posibilitan un primer acercamiento en el que destaco las “ocho columnas” de La Jornada: “Mujeres exigen justicia y fin de la violencia”, acompañadas por cuatro fotografías en las que destaca la de la presidenta arengando ―con un grupo de militares varones detrás― en el Campo Militar Número 1 que eligió para celebrar el Día Internacional de la Mujer y las de “La Prensa”: “¡Ni una más!”, acompañada de tres fotografías entre las que destaca una imagen en la que aparece una mujer joven con el puño izquierda levantado, una cámara fotográfica colgada al cuello y detrás de ella la valla levantada para proteger el Palacio Nacional [“para proteger a las mismas mujeres y evitar una confrontación entre policías y el llamado bloque negro”, dijo la presidenta días antes] llena de letreros y fotografías y con fuego a lo largo de ella.
Y, en contraste, las portadas de “El Heraldo” con un titular tomada de la arenga de Claudia Sheinbaum en el evento realizado en el Campo Marte: “Que ninguna mujer tenga límites” y con dos fotografías: una pequeña de ella con la mano en el pecho y en la que se alcanza a ver el rostro del Secretario de Marina y a vislumbrar el de otros militares y, la principal, que muestra el contingente ingresando ordenadamente al Zócalo en el que luce la bandera nacional a toda asta y, detrás, la Catedral con las puertas cerradas y un cerco a cierta distancia del atrio lleno, al parecer, de fotografías y las de “Reforma” y “El Universal” que, aunque hacen referencia a la marcha, priorizan otras notas…
Ahora bien, un asomo ―también superficial― a los artículos y columnas del domingo y del lunes, posibilitan precisar puntos concretos en los que se muestran los logros, las “áreas de oportunidad” e, incluso los retrocesos.
Artículos como el de Martí Batres en “El Heraldo” y el de Bernardo Bátiz en “La Jornada” destacan avances en materia de género adjudicables a la autodenominada Cuarta Transformación…
El Director General del ISSSTE destaca la paridad de género alcanzada en los tres Poderes del Estado Mexicano, subrayando que más de un siglo después de que apareciera por primera vez la idea de la paridad en la política, no solo en cuanto al derecho al voto, sino también a la representatividad en las instituciones estatales, países del llamado Primer Mundo están muy lejos de hacer realidad esa paridad en el ámbito legislativo [Francia, 34%; Estados Unidos, 28%; Canadá, 30%; Italia y Alemania, 32%; Reino Unido, 40%; Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia, 42%, 44%, 44% y 46% respectivamente; Corea del Sur, 17% y Japón, 14%], mientras que es en países africanos y árabes se dan porcentajes más altos de representación femenina: Ruanda, 63%; Cabo Verde, 45%; Sudáfrica, 45%; Emiratos Árabes Unidos, 50%, mientras que en latinoamérica se pueden encontrar porcentajes altos en Cuba, 55%, Nicaragua, 55%; Bolivia, 50% y Costa Rica, 49%.
En el caso de México ―destaca Batres―, la paridad en el Congreso es casi exacta: 251 mujeres y 249 varones en la Cámara de Diputados y 64 varones y 64 mujeres en la Cámara de Senadores.
Además, señala que en este momento, en ambas Cámaras, una mujer ocupa la presidencia; la Suprema Corte de Justicia está integrada por cinco mujeres y cuatro varones y, obviamente, que la Presidenta de la República, la Jefa de Estado y la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, es una mujer.
Bernardo Bátiz ―integrante del recientemente creado Tribunal de Disciplina Judicial―, destaca en su artículo, la configuración de esta institución, la cual, “acorde con los tiempos que vivimos está integrado por tres mujeres y dos hombres y está encabezado por una mujer”; “el desempeño eficaz y discreto de la Secretaría de Gobernación”, así como “la vocación, inteligencia y mano firme” con que Carmen Lira Saade dirige “La Jornada”…
Pero, por encima de todo y reconociendo haber sido crítico y no ser proclive a la alabanza, enaltece [para no decir alaba] acciones y palabras de la Presidente ante los ataques inhumanos en Irán, el encarcelamiento de niños junto con sus padres llevados a cabo por el ICE, la política intervencionista, así como la defensa de la soberanía expresada en diversos foros y el envío de alimentos y otros enseres a Cuba…
En contraste, otros artículos subrayan el lado oscuro del tema: la permanencia de la desigualdad y la violencia de género…
Mario Luis Fuentes, en “Excélsior”, publica un artículo que titula “Mujeres en los márgenes” en el cual centra su atención en “un universo de desigualdades […] que permaneces, en gran medida, fuera del foco público” que suele centrarse en “brechas salariales, participación política o violencia de género”: “el de las mujeres que, además de enfrentar la discriminación estructural, cargan otras formas de exclusión que se entrelazan y potencian entre sí”, entre las que destacan “las mujeres indígenas, las mujeres con discapacidad y las mujeres en situación de calle”.
Marilú Rasso Ibarra, por su parte, en su artículo “El sistema de cuidados y el impuesto estructural de la violencia”, sostiene que la violencia de género y los cuidado no remunerados no son dos problemas distintos, sino uno mismo visto desde dos ángulos y que destruye la autonomía económica de la mujer ya que, la violencia reduce ingresos por diversos factores y el cuidado no remunerado ―cuyo valor económico equivale al 24% del PIB― reduce el tiempo disponible…







