El salón Tertulia de Tepic honró su nombre con la disección técnica sobre el poder y la fragilidad de los cambios democráticos en la entidad. Se presentó el libro La XXVI Legislatura, 1999-2002: composición inédita, transición efímera, escrito por Alfredo Castañeda Vázquez, Freddy Castañeda. La obra evita el registro nostálgico para concentrarse en un análisis del trienio que alteró el ADN político de Nayarit al concluir con setenta años de dominio de un solo partido.
Castañeda Vázquez ocupó una curul en esa legislatura a los 26 años. Explicó que el proyecto del análisis de esa etapa en la historia política nació como un ensayo para la Enciclopedia del Centenario del estado en 2017. Ante la desaparición del repositorio digital que alojaba aquel trabajo, el autor recuperó y expandió la investigación para convertirla en un testimonio físico. El volumen documenta el periodo en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió el control absoluto del Congreso local frente a la Alianza para el Cambio, integrada por el PAN, PRD, PT y el PRS.
El autor describió la política como un acto intelectual y lamentó que la inmediatez electoral desplace la reflexión profunda en la vida pública actual. Durante su intervención, enfatizó que la XXVI Legislatura funcionó como un laboratorio de pluralidad. Los diputados debieron desarticular el diseño institucional confeccionado para una fuerza homogénea y crear una estructura que permitiera la convivencia de fuerzas ideológicas opuestas. Este rediseño implicó sustituir la tradicional Gran Comisión por una “Comisión de Gobierno Legislativo con presidencia rotativa y una distribución proporcional de las comisiones de trabajo.
La estructura de la alianza de 1999 respondió a una tensión social elevada. La coalición opositora capitalizó las fracturas internas del PRI y el desgaste del gobierno estatal previo. Recordó con humor que el equipo de campaña vivía bajo vigilancia constante. En una ocasión, su coordinador de campaña, Gerardo Ruiz, reportó por radio el seguimiento a una camioneta roja sospechosa. Segundos después, escucharon por la misma frecuencia: “vamos detrás de un bocho blanco”. Los equipos se daban cuenta de que se perseguían entre ellos mismos debido a la paranoia y la cantidad de gente movilizada en las calles.
Antonio Echevarría Domínguez, que ganó la gubernatura en las urnas en 1999, presente en el evento, aportó testimonios sobre la rigidez del sistema enfrentado. Relató una reunión privada en la Secretaría de Gobernación. Según su testimonio, se le pidió renunciar a su candidatura a cambio de una senaduría o un puesto en el gabinete nacional.
Freddy Castañeda describió el clima de tensión del día de la elección, alimentado por la fama del procurador de justicia de aquella época. Existía un temor real entre los aliancistas de sufrir acusaciones fabricadas o detenciones arbitrarias para frenar el triunfo opositor. El origen del eslogan “Si el pueblo quiere, yo quiero” se basó en esa presión ciudadana que empujó a un empresario, ajeno a la política partidista frontal, a desafiar la hegemonía del PRI. Tras ganar, Castañeda enfrentó el vicio del sistema: ciudadanos le pedían interceder por multas de tránsito bajo la lógica de que el PRI permitía la corrupción cotidiana, lo que representó un choque cultural para quienes buscaban un cambio institucional.
La coexistencia entre fuerzas con visiones de mundo opuestas dentro de la legislatura obligó a gestionar el conflicto de manera cotidiana. Detalló cómo la heterogeneidad de la coalición generó fricciones profundas en la votación de temas ideológicos y administrativos. Las diferencias programáticas entre el PAN y el PRD se manifestaron al discutir derechos civiles y soberanía nacional. Temas como la despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la posible privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) dividieron al bloque aliancista.
Mientras el PAN mantenía una postura conservadora, el PRD impulsaba una agenda progresista. Castañeda defendió en la tribuna que las convicciones políticas debían estar presentes frente a las voces que pedían legislar sin ideologías. Las discusiones obligaban a buscar puntos de acuerdo mínimos para evitar la parálisis, reconociendo que cada partido representaba una porción distinta de la sociedad nayarita. La narrativa de Castañeda Vázquez prioriza estos mecanismos del poder sobre los lirismos. El texto relata cómo las tensiones internas y la falta de cohesión estratégica debilitaron el proyecto común.
Uno de los momentos de mayor tensión legislativa ocurrió durante el nombramiento de los magistrados del Poder Judicial. El plazo legal para renovar estas posiciones vencía casi al mismo tiempo que la toma de posesión del gobernador Antonio Echevarría Domínguez. El riesgo consistía en la ratificación automática de los funcionarios anteriores si el Congreso no actuaba con celeridad. Castañeda relató una jornada de negociación que se prolongó hasta la madrugada.
El gobernador envió sus ternas en el primer minuto de su mandato. La pluralidad del Congreso impidió una aprobación mecánica; los diputados cuestionaron las propuestas y obligaron al Ejecutivo a negociar los perfiles. Echevarría validó este episodio al mencionar que aceptó modificar una terna tras el diálogo con los legisladores. Este evento marcó el fin de la era en la que el gobernador decidía unilateralmente la composición de los otros poderes.
El diseño de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos dejó de ser un trámite para convertirse en una controversia constante. Bajo la lógica de gobierno dividido, el Congreso ejerció su facultad de modificar las partidas enviadas por el gobernador. Castañeda describió el presupuesto como “una cobija que, si se jala de un lado, descobija otro”. Las fuerzas de izquierda exigían mayor gasto social, mientras el ala técnica buscaba estabilidad financiera. Estas diferencias derivaron en una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para definir los límites de las facultades de cada poder.
El legado institucional de aquel trienio representó un punto medular de la tertulia. Bajo la XXVI Legislatura se gestó el Órgano de Fiscalización Superior (hoy Auditoría Superior), se separaron funciones de la Oficialía Mayor y se impulsaron los primeros institutos de transparencia en el estado. Nayarit fue pionero en leyes de fiscalización superior, incluso antes que la Federación. En video grabado, Raúl Mejía González, actor en esa etapa, destacó que estos cambios surgieron de la necesidad de controlar el uso de recursos públicos sin un Congreso sumiso.
La cohesión del PRD se fracturó durante el trienio. Dos diputados perredistas migraron hacia las filas del PAN, mientras otros legisladores del PRI se declararon independientes. Esta movilidad política complicaba la obtención de votos para leyes de largo plazo. El autor recordó que el PRD solía presentar obstáculos internos constantes, lo que obligaba a redoblar los esfuerzos de cabildeo. El libro califica esta transición como “efímera” porque, en 2002, el PRI recuperó el control de los 18 distritos electorales. Sostuvo que la alternancia carece de facultades para garantizar por sí misma la consolidación democrática.
Hacia el final de la exposición, Alfredo Castañeda vinculó la experiencia de 1999 con la realidad política de 2026. Advirtió sobre un proceso de erosión institucional donde el pensamiento crítico enfrenta obstáculos ante el poder. Criticó la desaparición en el país de organismos de transparencia y el debilitamiento de herramientas de defensa ciudadana, calificando la situación como un riesgo para la convivencia democrática.
Castañeda utilizó la analogía del Titanic para describir a un país que aplaude mientras ocurre el hundimiento. Hizo un llamado a las nuevas generaciones para informarse y discriminar las fuentes de información en la era actual. Instó a los jóvenes a desarrollar un juicio crítico y a entender que la política debe ser una herramienta de transformación basada en la razón. Utilizó un cuento corto sobre un pueblo de hormigas que, por odio a las cucarachas, votó por el insecticida, ilustrando los peligros de las decisiones viscerales.
El volumen funciona como una crónica legislativa y un manual sobre los peligros de las unanimidades sospechosas. Entender el presente de Nayarit hace necesario conocer la historia de quienes rompieron la inercia de un sistema que parecía inamovible hace más de un cuarto de siglo.
Los Martes de Tertulia es el proyecto cultural de Fundación NAVIFU (Nayarit con Visión de Futuro, que preside Vladimir Valenzuela Barrutia.







