“¡Esto es una verdadera maravilla!”, así describió el viajero y químico estadounidense A. L. Nolf a la imponente fábrica de azúcar La Escondida, después de recorrer San Blas, Tepic y sus alrededores.
Y no era para menos. Lo que encontró en tierras nayaritas era tan moderno y sorprendente para su época, que el hombre terminó maravillado como niño en dulcería.
Recordemos que era 1894 y que Mr. Nolf dejó escritas sus impresiones sobre San Blas, Tepic, La Escondida y Puga en el periódico El Nacional, mismas que luego el periódico local Lucifer replicó.
“Tepic es un centro industrial de gran importancia, porque tiene a sus alrededores y casi a sus puertas dos fábricas de azúcar y dos de manta de algodón…”, dijo el buen Nolf.

En aquellos años, la antigua casa española Aguirre y Compañía tenía en sus manos La Escondida. Nada más con escuchar ese nombrecito, uno pensaría que era cantina de mala muerte o romance prohibido, ¡perooo no señor!, era una empresa tan grande que hacía más ruido que mi vecino un domingo a las seis de la mañana.
Según la descripción de este químico gringo, La Escondida era una fábrica tan moderna y tan bien equipada, que podía producir cinco o seis millones de libras de azúcar en solo seis meses. Sí, así de recia, era prácticamente la Fórmula 1 del azúcar.
Pero lo que más le impresionó no fue la fábrica, sino el sistema de riego en el campo, pues la caña estaba sembrada en terrenos con cerritos, y aun así todo estaba regado por centenares de acequias que se cruzaban en todas direcciones. Dijeran las malas lenguas de las buenas gentes, eso era: ingeniería nivel Dios.

“…la caña está casi toda plantada sobre pequeños cerritos de forma más o menos cónica, y sin embargo, todo el plantío está regado…”
Se dice, se cuenta, se rumora que el sistema de riego era ¡una verdadera telaraña de agua!, y no cualquier telaraña, pues él describe arquerías y tubos de acero que sumaban 50 kilómetros.
“Este sistema de riego es una verdadera maravilla y dudo que, en ninguna parte del mundo, aun en California, donde el riego es lo más adelantado, haya algo que se le pueda comparar”, dijo impresionado Mr. Nolf.

En la siguiente parte, el señor Nolf nos contará sus impresiones sobre la fábrica de Puga… una que, según él, no era tan moderna como La Escondida… pero ¡tenía un encanto dulce como el azúcar que producía!
Fuente: Pedro López González, La ciudad de Tepic hace 100 años (1894-1994), Revista Trimestral de la Fundación Alica.







