
El próximo año, 2027, se realizarán elecciones concurrentes en Nayarit. Se elegirá a la persona que sucederá en el cargo al Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, para que asuma la titularidad del Poder Ejecutivo estatal. También se elegirá a los alcaldes de los municipios en fórmula con quienes se perfilen a las sindicaturas respectivas. Deja servida la mesa para el triunfo el mandatario estatal. Se elegirán a decenas de regidores de mayoría y se asignarán a sus respectivos suplentes. Se elegirá a los 18 diputados de mayoría relativa y se designará a los 12 de representación proporcional que integren la legislatura local. En la misma jornada electoral del 6 de junio de 2026, los nayaritas asistirán a las urnas para elegir a tres diputados federales.
Las personas que controlan a las siglas que refieren a Morena, al PRI, al PAN, a MC y demás, ya deben estar en el territorio de los preparativos para la contienda de 2017. La actividad de los aspirantes es lo que sobresale. Los perfiles que dominan el escenario son los que aspiran a ser postulados por Morena. Las demás siglas sencillamente no parecen tener vida. Quizá al seno de esos grupos la actividad sea intensa, pero no salen de “casa”.
Una de las razones por las que sobresalen los nombres de los que aspiran a ser postulados por Morena, a cargos de elección popular, es que existe la percepción de que esa “marca” es la única que puede ganar en las urnas. Algo de cierto hay de eso. Las siglas de Morena sobresalen en los gráficos de barras que conocemos. No obstante, eso cambia en función del cargo y de la región por la que se compita. Ya vimos en procesos comiciales anteriores, qué en cada municipio, en cada distrito, en cada demarcación, los números se manifiestan de maneras diferenciadas.
De la misma manera, los resultados de la próxima elección podrían manifestarse de manera diferente a lo que hoy indican las fotografías demoscópicas, si se registran eventos que podrían influir en la bolsa de valores electorales. Esos eventos pueden manifestarse como acontecimientos naturales, como sucesos divisorios o unificadores de una candidatura, entre otros.
En ese contexto, han estado recientemente en Nayarit, la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, así como la secretaria general de Morena, Citlalli Hernández Mora y el diputado al Congreso de la Unión de México, Ricardo Monreal. Los tres dirigentes conocen muy bien al estado y su papel es crucial en el resultado de las próximas elecciones y en el rumbo que toma el desarrollo de Nayarit. Una buena decisión puede llevar a ganar elecciones, pero puede dañar el futuro del estado, como vimos con el PRI de varios exgobernadores del estado afines a las citadas siglas. No es poco lo que tienen entre sus manos los dirigentes de Morena.
Una digresión. En los sucesos de septiembre de 1792, Maximilien Robespierre habría pronunciado la frase que describía la sabiduría popular. Se le atribuye la frase “el pueblo jamás se equivoca”. Su tesis se mostraba plena en la expresión “Además, el pueblo no se equivoca: la voz del pueblo es la voz de Dios”. Es posible que el pueblo no se equivoque, pero parafraseando a Juan Jacobo Rousseau, a menudo se le engaña (con publicidad y regalos baratos, con cuentas de vidrio y pequeños e inútiles espejitos). Por eso debe procurarse el equilibrio entre lo cuantitativo y lo cualitativo.
Sobre tal consideración, se podría asegurar que una encuesta puede que grabe la voz del pueblo, la voz de Dios. Aunque a los resultados de una encuesta se deben añadir otras cuestiones de la mayor relevancia. Un sondeo de opinión (la foto de un momento) no debería ser el factor que defina el futuro de un estado como Nayarit que ya perdió, con el siglo XX, cien años de desarrollo potencial. Por otra parte, esa misma encuesta debe indicar las fortalezas y las debilidades de cada uno de quienes aspiren a la gubernatura.
Encuesta más análisis cualitativo. Fortalezas, debilidades, mismas que pueden ser definidas también como indicadores “positivos” e indicadores “negativos”. De la sustracción de una variable respecto de la otra, deriva una de las definiciones posibles del concepto de rentabilidad electoral. Los “negativos” se restan a los “positivos” y el resultado es la rentabilidad electoral. Se ha puesto como ejemplo al equipo de fútbol América, que suele tener los mayores niveles de aceptación, pero también el que más rechazo provoca. Pero dejemos a Galeano en santa paz.
Se suele entender por pragmatismo electoral, decidir la designación de candidaturas en función de metas específicas y de corto plazo. En el siglo XX, el PRI de Nayarit postuló a candidatos que luego traicionaros a su partido, a su estado y hasta a su misma familia. El PRI tenía miedo de perder y ganó postulando candidatos que primero ganaron los cargos y ahora enfrentan graves cargos penales.
Ni Morena, ni el PAN o el PRI, nadie debería sacrificar principios ideológicos y valores políticos y de la democracia, solamente en aras de ganar elecciones. El PAN, en el 2000, postuló a un candidato altamente rentable, ruidoso, estridente y escandaloso, pero eso derivó en un partido fracasado en ulteriores procesos comiciales. Al gobierno le fue peor y al país, más peor todavía. No aprendieron y siguen en esa misma ruta. Se dice que Fox ganó las elecciones del año 2000 y que el PAN perdió la Presidencia de la República. Algo hay de eso.
Las siglas deberían valorar debidamente los méritos de los aspirantes. De esa manera se descartaría a los advenedizos, a los corruptos, a los hijos de las furias, a los lobos vestidos de oveja, a los socios del Narco S.A. Se deben valorar méritos y no ventajas mal habidas. Uno de los méritos de Navarro Quintero consistió en una vida dedicada a la política, a servir y no a enriquecerse (cosa que bien pudo haber hecho). Insisto: no es poco lo que está en juego. También está de por medio el futuro de Morena, que requiere varios lustros para transformar nuestro mundo nacional. Esta de por medio el futuro de todos. Si los méritos no valen, ¿para qué hacer méritos?
La autocrítica será fundamental en el proceso de designación de candidatos a los cargos de elección popular. Esa autocrítica sin duda debe ser punto de partida para definir el valor de cada una de las variables a considerar en la designación de candidaturas. Malas decisiones han llevado a ver pasar camellos por la aguja de Morena.







