7.7 C
Tepic
sábado, junio 20, 2026
InicioNayaritCuenta Antonio Echevarría los tiempos del cambio

Cuenta Antonio Echevarría los tiempos del cambio

Fecha:

spot_imgspot_img

El gobernador de la primera alternancia en Nayarit ofreció un repaso de su trayectoria política y empresarial, desde la tesorería de la UAN en 1971 hasta el 4 de julio de 1999. Lo acompañaron Antonio Simancas Robles y Paco Arias. Cerraron las intervenciones Raúl Rea Carvajal, el cubano Orlando Valera y un homenaje a las mujeres del cambio

La futbolera tarde de este jueves, el Salón Tertulia se llenó para escuchar la voz directa del hombre que cerró setenta años de hegemonía priista en Nayarit. La décima sesión del Martes de Tertulia que organiza la Fundación Nayarit con Visión de Futuro (NAVIFU) se tituló «En los tiempos del cambio» y tuvo como invitado al contador público Antonio Echevarría Domínguez, gobernador entre 1999 y 2005, fundador del Grupo Empresarial Álica y, según se le presentó esa tarde, protagonista de una de las transformaciones políticas más relevantes de la historia reciente de Nayarit.

Vladimir Valenzuela Barrutia, presidente de NAVIFU, abrió la sesión con la insistencia que sostiene el ciclo. «La sociedad debe debatir, proponer, discutir y aportar», dijo, y avisó que la sesión sería grabada para que «las generaciones que están más atrás» conozcan cómo cambió la forma de gobernar en Nayarit. La idea es vieja y conserva la misma utilidad. Un estado con historia y con visión tiene futuro.

Sergio Sartiaguín Montes, coordinador de eventos culturales de la Fundación, leyó la semblanza. Echevarría nació en Santiago Ixcuintla el 12 de marzo de 1944, hizo la primaria en Tepic, la preparatoria en el Colegio Internacional de Guadalajara y la licenciatura en Contaduría Pública por la Universidad de Guadalajara. Fundó a finales de los setenta el Grupo Álica, fue tesorero de la UAN, secretario de Finanzas y Administración en dos ocasiones, presidente municipal suplente en Tepic, secretario general de Gobierno y, en 1998, encabezó la coalición Alianza para el Cambio que ganó la gubernatura el 4 de julio de 1999. Como gobernador impulsó tres universidades tecnológicas, diecisiete centros de educación técnica, el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECAN) y el Festival Cultural Amado Nervo. Hoy preside el Consejo de Administración del conglomerado empresarial que fundó.

Echevarría tomó el micrófono con una disculpa por el cambio de fecha. Cada año tiene una cita médica que en esta ocasión sólo tenía disponible el martes anterior, día previsto originalmente para la tertulia. No había caído en cuenta de que la noche del jueves jugaba la Selección Mexicana. Propuso ver después la repetición por 8NTV.

Empezó por el principio. Es hijo de Blanca Domínguez y de Antonio Echevarría Pérez, nieto de María Trinidad y de Antonio Echevarría, de Guaymas. Su padre llegó a Santiago Ixcuintla a buscar fortuna. «Y la fortuna que encontró fue a mi mamá, con quien estuvo casado 57 años», dijo.

La primera incursión política llegó por sorpresa en 1971. Un grupo de amigos universitarios lo buscó para hacerlo tesorero de la naciente UAN. Tenía ocho meses de casado con Martha Elena. El rector era el doctor Joaquín Cánovas, médico de su abuela, que conocía al «Toñito» de sobra. El presupuesto del año eran 350 mil pesos. «Alcanzaba para todos», recordó. «Ahora creo que tienen 3 mil millones y no alcanza para nadie». De ahí pasó a la Embotelladora del Nayar, que en 1972 tenía 110 trabajadores y un sistema de distribución que le pareció lento. Con Álvaro Navarro reformaron la operación y se metieron al estado entero. Hoy, recordó, Coca-Cola es líder indiscutible en Nayarit y Puerto Vallarta.

La afinidad por los números le ganó dos años después la presidencia de la Cámara de Industria, que arrebató «por golpe de Estado» a Antonio Pérez Cisneros, que llevaba veinticinco años en el cargo. Tenía 27 años. En 1976, Rogelio Flores Curiel ganó la gubernatura y lo llamó a la tesorería del Estado. En la toma de protesta, frente al gabinete, el gobernador dijo en voz alta: «aquí el único que puede pedir dinero sin mi autorización es Antonio Sam López». La cuenta del Estado, cuando Echevarría llegó a la oficina ese mismo día, tenía cinco pesos con setenta y cinco centavos y un pasivo de 180 millones. Tomaron un avión a México y pidieron audiencia con el secretario de Hacienda. Mientras llegaba, los atendió un joven funcionario llamado Miguel de la Madrid Hurtado. El préstamo fue de 40 millones, insuficientes. La banca comercial completó cinco millones con la condición de que Echevarría avalara personalmente. «Y fíjense nomás cómo estaba el gobierno de quebrado», resumió. «Avalé yo por cinco millones de pesos».

Terminado el sexenio del coronel Rogelio Flores Curiel, el líder obrero Emilio M. González asumió la gubernatura y dejó de nuevo a Echevarría el manejo del dinero público. Era la segunda vez que el contador despachaba el erario de Nayarit, y lo hizo con la misma divisa de la primera: nadie saca un peso sin autorización. El relato de esa etapa giró menos en torno a las obras y más en torno a las presiones por gastar, que en el viejo sistema llegaban con apellido y con prisa.

Contó, por ejemplo, el día que se le exigió prestar un millón doscientos mil pesos del presupuesto para que una conocida comprara casa. Echevarría se negó con el argumento del oficio: «yo no tengo este dinero en el presupuesto para podérselo prestar, necesito que lo autorice el Congreso». La respuesta fue una mentada para él y para el propio gobernador, y salió de la oficina dando un portazo. El episodio se cerró sin costo. Bueno, sí, una mentada, que fue barata si se ve de manera optimista. En otra ocasión, una gestora llegó a pedirle un millón de pesos para unos músicos de su pueblo y el secretario de Echevarría la despachó; González le reclamó después que a esa persona había que darle lo que pidiera. La contabilidad nunca fue el problema en aquellos años. El problema era la pirámide del poder, la misma que, cuando el sexenio terminó, dejó al tesorero sin el respaldo que esperaba para sus aspiraciones. «Lo trató muy bien, pero no lo ayudó en nada», resumió su compadre Pepe Arias, que ofreció la explicación de fondo: a quien no se podía manejar, no se le daba la oportunidad.

La política federal volvió a buscarlo en octubre de 1993. El secretario particular del entonces gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza lo citó al desayuno con la iniciativa privada. En la mesa de honor, el propio gobernador le leyó frente a todo el empresariado el nombramiento de secretario general de Gobierno. Echevarría lo asumió como una orden de Los Pinos. La explicación se la dio el secretario de Gobernación días después en su oficina de Bucareli, con seguro en la puerta. Que el gobernador se había peleado con el obispo. Que él, Echevarría, debía remendar la relación. Que en enero del 94 lo iban a hacer gobernador interino por dedazo. El alzamiento zapatista cambió las prioridades del país y la operación quedó congelada. Siguió en el cargo.

A partir de 1998 le tocó el papel inverso. Echó a andar el movimiento ciudadano que devino en la Alianza para el Cambio, primera coalición nacional integrada por PAN, PRD, PT y PRS. Negoció con Felipe Calderón el lugar del PAN, peleó con la dirigencia panista en una asamblea donde compareció como reo. «Me sentaron en el banquillo de los acusados, fíjense». El panismo votó 99.5 por ciento a su favor y 0.5 por ciento al adversario interno. Calderón cedió.

Antes de la elección le pasó lo peor. El comandante de la zona militar lo citó en su oficina y le dijo, ante el teléfono rojo abierto con la Secretaría de la Defensa, que renunciara a la candidatura y que lo harían senador. Echevarría sintió las piernas. Pidió un minuto. Pidió dos. Y respondió con una línea que su familia se había encargado de recordarle. «Mis abuelos son de aquí, mis bisabuelos son de aquí, mis papás son de aquí y yo nací aquí. Si me rajo, voy a perder las tierras de Nayarit. Discúlpeme, le voy a entrar». Esa noche se enrolló como culebra en el cuarto de la casa. Lo levantó Martha Elena. «Levántate, cabrón, te están esperando en Tuxpan, en San Blas, en Santiago». Y fue. En Tuxpan, en San Blas y en Santiago Ixcuintla lo esperaban, contó, quince mil personas bajo la lluvia.

El 4 de julio de 1999 la Alianza para el Cambio conquistó por primera vez el Poder Ejecutivo del estado. Echevarría usó el balance para repasar los logros que más lo enorgullecen, las tres universidades tecnológicas, los centros de educación técnica, el hotel escuela, el segundo piso del hospital de Santiago Ixcuintla, una recuperación fiscal superior a mil 500 millones de pesos propios al cierre del cuarto año. También señaló con el mismo gesto lo que se perdió.

Paco Arias, compadre y socio en la embotelladora de Coca-Cola desde hace casi seis décadas, completó el cuadro desde la operación. «No soy político», advirtió. «Pero sí he sido empresario, y siempre he buscado cómo hacer mejor las cosas planeando y proyectando». A él le tocó la mercadotecnia de la campaña. Reveló que estuvo dos años recorriendo el estado para definir uno por uno los lugares donde colocaría los 160 espectaculares de la candidatura. Contrató a Carlos Hernández, de Mazatlán, con una regla inviolable: «Espectacular que nos destruyen en 24 horas tiene que estar repuesto. Una publicidad destruida, en lugar de ayudar, quita». Encargó miles de pendones a un taller de Guadalajara. La política de su compadre, dijo, no fue otra cosa que mercadotecnia bien hecha. «Lo que yo hacía en Coca-Cola».

El profesor Raúl Rea Carvajal situó a Echevarría en una línea histórica. Dijo que sólo otro gobernador ha tenido, en su lectura, audacia política comparable, y ése fue Julián Gascón Mercado, que en 1962, en plena crisis de los misiles, abrió relaciones comerciales con Checoslovaquia. La comparación incluyó la relación de Echevarría con Cuba, que se tradujo durante su sexenio en una colaboración cultural y educativa con maestros cubanos en lugares recónditos del estado y, según el comentarista, en más de diez mil personas alfabetizadas, mayoritariamente ancianas.

Sobre la cooperación con Cuba habló Orlando Valera, educador cubano radicado en Nayarit, autor de libros. Confirmó que el proyecto Investigación-Transformación de la Educación Básica Nayarit, diseñado durante el sexenio del cambio, levantó al estado del lugar 31 nacional al 18 en pruebas estandarizadas en dos años. La metodología combinó la experiencia cubana, la educación popular brasileña, el movimiento Escuela Nueva colombiano y el saber acumulado del magisterio nayarita. Seis entidades del país adoptaron después el modelo. Sobre la Cuba de hoy, describió un cuadro grave de cortes de electricidad en hospitales, transporte detenido, retiro de tarjetas Visa y Mastercard y salida de cadenas hoteleras como Meliá. Anunció que su libro más reciente versa sobre los fundamentos científicos y psicológicos de la inteligencia artificial.

Echevarría cerró con un homenaje a las mujeres. A su esposa. A su madre. A su cuñada. A su nana. A las coras, a las huicholas, a las maestras de la sección 49 y la sección 20. Recordó el programa de implantes cocleares con que 42 niños sordos recuperaron el oído, Martha Elena al frente de estas jornadas. El programa fue desmantelado por el gobierno siguiente, dijo, y el episodio le sigue emocionando. «En política lo que hace uno, lo quita el otro», dijo.

Después llegaron los recuerdos de la campaña. Las viejitas que caminaban a votar bajo la lluvia. La comadre que le mandó un cheque. El cura de Santiago Ixcuintla que tocó la campana para reunir en el patio a quince mil personas que rezaron un Padrenuestro y una Avemaría antes del acto. «Ésa fue la única campaña», concluyó, «que el pueblo ha salido por convicción a votar. El que quería al Pato Lucas votaba por el Pato Lucas, y el que quería al Tigre Toño votaba por el Tigre Toño».

Juan Díaz Castañeda, que tenía quince años cuando participó en aquella elección, leyó el reconocimiento que la Fundación entregó al invitado. Vladimir Valenzuela cerró con la promesa de continuar el ciclo y agradeció la presencia de don Francisco Arias, y de los compadres y amigos que llenaron la sala. La Selección Mexicana ya había empezado a jugar, pero el Salón Tertulia se vació despacio. En la puerta seguían en fila quienes salieron de la foto del 4 de julio de 1999 para venir a saludar al Tigre Toño.

spot_img

Más artículos

spot_img
spot_img
spot_img