Hace cuarenta años, ayer, un fotógrafo aficionado tomó la foto de la mano de Dios. Dueño de una estética de perros, Alejandro Ojeda cubría el Mundial del 86 como invitado de El Heraldo. Con cámara manual, sin ráfagas, disparó dos veces en el instante exacto en que Maradona empujó el balón con el puño frente a Inglaterra. La televisión de entonces no alcanzaba a ver esa mano. Él volvió a la redacción gritando: «¡Traigo la foto, traigo la foto!», y un día como hoy el periódico la publicó a toda la primera plana. El futbolista respondió como un político: «Fue la mano de Dios». Esa imagen, un año después, le ganó el Premio Nacional de Periodismo. Le habríamos creído a Maradona, de no ser por un peluquero de perros y sus dos disparos.







