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Uno es de donde están sus libros

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Reflexión a partir de la columna «Una Odisea mexicana», de Danner González, publicada el 27 de julio de 2026 en El País

Danner González parte de una paradoja feliz: el libro de moda tiene cerca de 2 mil 800 años. La Odisea volvió a las mesas de novedades gracias a la película de Christopher Nolan, y el dato lo confirma con creces, la cinta se estrenó el 17 de julio, con Matt Damon como Ulises, y firmó el mejor arranque en taquilla de la carrera del director. De esa actualidad inesperada, el columnista extrae una idea que sostiene todo el texto, la verdadera tragedia de Odiseo está menos en la guerra o el mar que en «no saber cómo volver a casa».

Ítaca, dice, es una idea destilada por el tiempo, y para explicarlo acude a Kavafis, que entendió que el horizonte justifica el camino, «Ítaca te ha dado un viaje hermoso». Pero enseguida la vuelve personal, y ahí gana la pieza. Su Ítaca, confiesa, es la promesa de reunir su biblioteca, dispersa en varias ciudades que acaso nunca confluyan. De ahí una definición que duele por exacta, «uno es de donde están sus libros», y su corolario, sentirse «un veracruzano de ninguna parte».

El repaso de las versiones le sirve de mapa. Los nostálgicos, dice, acuden a la traducción de José Manuel Pabón, en Gredos; hace casi una década apareció la de Emily Wilson, primera mujer en publicar una versión completa en inglés, después de más de sesenta hombres desde 1614. Pero si tuviera que elegir una, sería la de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana de la UNAM, la colección de clásicos griegos y latinos más importante de América Latina.

El homenaje de fondo es para quien la dirigió. Danner González retrata a Rubén Bonifaz Nuño como un poeta, y también como «un griego de cabellos blancos» nacido en Córdoba, Veracruz, que condujo la colección de 1966 a 2013, su etapa más fértil, con más de cien volúmenes nuevos, y que vertió al español cerca de ochenta obras grecolatinas. Frente a la palabra traducción, recuerda, Bonifaz prefería «versión rítmica», porque quería que el lector escuchara al autor «como pasa la luz a través de un vidrio». Loco del ritmo, rescató un compás casi extinto, un acento fijo en mitad de cada verso, y lo volvió su firma. El columnista celebra su oído con humor jarocho: frases como «la optimación de Diomedes», que los filólogos llaman aristeia, bien podrían titular un vallenato.

De esa escuela salió la Odisea que prefiere. Bonifaz le encargó a su alumno Pedro C. Tapia una versión que México no tenía con las señas de la colección, bilingüe y a partir del texto griego de referencia, con ritmo poético en español y fidelidad al original. Tapia leyó el poema en griego, inglés, español y alemán antes de escribir el suyo, admitió que a veces sacrificó el ritmo por el sentido, y tardó doce años, «dos más que Odiseo en volver a casa». En 2023 recibió por ese trabajo el Premio Internacional Rubén Bonifaz Nuño.

El texto se detiene, con buen tino, en cómo empieza cada versión. La de Tapia abre «del varón muy versátil cuéntame, Musa»; la de Wilson lo llama «un hombre complicado», con el foco en el género. Y recuerda, siguiendo al filólogo alemán Albrecht Dihle, que la Odisea es menos rígida y heroica que la Ilíada, más moderna y rica en la psicología de sus personajes, con dioses que dejan más espacio a las decisiones humanas. Su prueba es la más tierna, el héroe llora una lágrima furtiva ante Argos, su perro fiel, que muere en cuanto lo reconoce. «Toda felicidad es efímera», concluye, «se sabe».

El cierre es una invitación de verano, tumbarse en la playa con ese librote como un acto de rebeldía, pensando en otro mar y en el lugar al que siempre queremos volver. El valor de la pieza está en el contrabando que logra: usa un estreno de Hollywood para introducir un homenaje a la tradición clásica mexicana, la de Bonifaz, Tapia y la colección de la UNAM, que rara vez llega a la sección de cultura. Y deja, casi al pasar, una idea que excede a Homero, que la patria de un lector se parece menos a un mapa o a una bandera que al estante donde por fin caben todos sus libros, y que mientras ese estante siga repartido, uno seguirá, como Odiseo, buscando la forma de volver.

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