Con la muerte de Raúl Lucachín, la comunidad de Jomulco pierde a uno de sus personajes más singulares: el hombre que durante 35 años practicó la curandería y que aseguró, hasta el final, haber preferido la pobreza antes que pactar con el diablo.
Su historia con el mundo espiritual comenzó desde la infancia, cuando vivía experiencias que no sabía cómo explicar. Fue su tío quien le enseñó a enfrentarlas sin miedo. Sin embargo, la decisión de dedicarse a sanar a otros llegó mucho después: a los 50 años, tras superar una enfermedad que describía como el parteaguas de su vida.
Desde entonces, Raúl construyó una trayectoria que mezcló limpias, exorcismos, lectura de cartas y bola de cristal, e incluso hipnotismo. Todo, según explicaba, aprendido sobre la marcha y con la convicción de que era Dios quien le abría el camino.
“Sobre la marcha empecé a aprender a hacer curaciones, a hacer exorcismos, a leer las cartas, a leer la bola de cristal. Se me fueron dando muchas cosas solas. El hipnotismo también, trabajo el hipnotismo”, dijo en una entrevista de 2021.
Lo que diferenciaba a Raúl de otros personajes de la zona, según quienes lo conocieron, era la firmeza con que hablaba de haber sido tentado y de haber resistido. Afirmaba que en múltiples ocasiones se le presentó el demonio ofreciéndole riqueza, juventud, mujeres, influencia política y hasta carrera criminal, a cambio de su lealtad.
“No una, muchas, cientos de veces he platicado con él. Me ha dicho que lo adore, que no le doy nada. Y me daría todo lo que mi imaginación no alcanza a comprender: juventud, dinero, me haría un gran político, un gran traficante, todo lo que yo quisiera. Pero, pues no. Yo le sirvo a Dios”, relataba.
Su fama trascendió los límites del municipio. Aseguró haber recibido en su casa a gobernadores, militares de alto rango y personas con poder político que llegaban buscando su ayuda para ascender en sus cargos. Nunca reveló nombres, alegando discreción y conveniencia propia.
“Me han visitado gobernadores, generales, tenientes, muchos rangos de militares. Hay muchas personas que tienen poder, tocante a Satanás. Pero no pudiera yo decirles quién y quiénes son, porque primeramente nos está prohibido. Después, pues no nos conviene”, afirmó.
Con su partida se va también una voz de la tradición oral de Jomulco, donde las historias sobrenaturales no son folclore sino parte de la identidad cotidiana. Pero queda el recuerdo de un hombre que convirtió la fe en oficio y el servicio en vocación.
Su respuesta favorita, decía, era la que le daban quienes llegaban sin creer: “Me dicen: don Raúl, yo vine con usted, pero no creo. Eso me encanta más, porque aquí hay algo que enseñar”.







