“Estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros”
Groucho Marx*
Los partidos y las ideologías son entelequias inservibles. Lo que hay en la escena pública son personas. Cuando hablamos de partidos o de ideologías realmente pisamos en los terrenos de la Ciencia Ficción “Política”. En lugar de partidos o de ideologías, lo que prevalece es la presencia de personas. Esas personas pueden ser políticos o “idiotes” (para los griegos, persona que se ocupaba solamente de sus asuntos personales eludiendo sus compromisos con las comunidades, los compromisos políticos, de las polis). En la escena podemos ver personas, buenas o malas, personas con vocación de servicio o personas con vocación de servirse (con la cuchara grande).
Las siglas que se autodenominan “partido”, también pueden autodenominarse como de “izquierda” o “derecha”. ¿Cómo se autodeclaran los acrónimos que actúan en la escena pública de nuestro país? Para responder esa pregunta es necesario consultar la declaración de principios que registran ante la autoridad electoral.
El Partido Acción Nacional posee una declaración de principios (16 páginas) divagante. Un brillante cuadro del PAN, Don Carlos Castillo Peraza sostenía que el PRI tenía una ideología meteorológica, porque cambiaba lo mismo que el clima. Así, para definir su ideología el PAN recurre al mismo lenguaje que suele ser usado para redactar un horóscopo. Con las palabras usadas en su declaración de principios, como se puede entender una cosa, se puede entender su contraria.
El Partido Revolucionario Institucional se define en su declaración de principios (26 páginas) como organismo “demócrata social”. Esas siglas engrosaron las filas de la Internacional Socialista desde 1996, aunque en 2025 el PRI fue expulsado de esa organización. La expulsión del PRI de la Internacional Socialista se debió a excesos de su dirigente Alejandro Moreno.
El Partido Verde Ecologista proclama como elementos centrales de su declaración de principios (7 páginas), el amor, la justicia y la libertad. Ni que hablar.
El Partido del Trabajo se declara en favor de la “construcción de una sociedad socialista, es decir, humanista, democrática, igualitaria, equitativa, justa, emancipada y libertaria”. La declaración de principios del PT (17 páginas) parece ofrecer al mundo el Primer Manifiesto Socialista, que se aleja graciosamente del contenido del Manifiesto Comunista escrito por Marx en 1848. Creo que todos los partidos firmarían esa intención, la de construir una sociedad “humanista, democrática, igualitaria, equitativa, justa, emancipada y libertaria”. Así hasta Franco o Pinochet serían socialistas.
Las siglas Movimiento Ciudadano (MC) se encierran “ideológicamente” en la caja de la socialdemocracia, por lo que podría suponerse que teóricamente son lo mismo que el PRI. La declaración de principios (19 páginas) de MC hipotéticamente acerca a MC a la organización internacional que encabeza Pedro Sánchez, miembro del Partido Socialista Obrero Español –PSOE– y presidente del Gobierno de España.
En las seis páginas que integran su declaración de principios, Morena (o Movimiento de Renovación Nacional), esta expresión se declara de “izquierda inspirada en el humanismo mexicano”. Ese humanismo mexicano y esa izquierda, se define: “En materia de economía, nuestro partido es antineoliberal y de izquierda y con esas convicciones participa, sin vínculos formales de ninguna clase, en el movimiento planetario de construcción de un nuevo paradigma humanista, fraterno y sustentable”. Toda la literatura que engloba la ciencia política, se reduce a esas 36 palabras. Casi unos cinco o seis haikús.
Un nuevo “partido” es “Somos México”. Es en realidad un grupo de presión que antes se ha autoasignado su territorio de verdad absoluta y sobre todo muchos cargos públicos. A esta denominación le bastan 10 páginas para satisfacer el requisito legal de presentar una declaración de principios. Se las ingenian de manera plausible, para en esa cantidad de “hojas blancas” declarar vaguedades que realmente retratan lo que son, lo que piensan y sus intenciones.
Los que promueven la salud de los lectores o de sus “militantes”, promoviendo la risa, son los que integran las siglas de PAZ. Este “partido” sostiene en su declaración de principios (27 páginas) que propone “no una lucha de clases, sino un encuentro de clases”. Resulta sumamente gracioso leer un pequeño párrafo en el que se dice que, “Al ser una organización que no se asume de izquierda o derecha, tampoco podemos definirnos como de centro”. Tras dar una lectura a esos “principios”, no sabe uno si reír de tanto llorar o llorar de tanto reír. Esas palabras nos remiten a la hilarante frase de Luis Echeverría, que sostenía no ser «de derecha, ni de izquierda, sino todo lo contrario».
Las ideologías son, al menos hoy, como cajas vacías, como cajones de sastre en los que cabe todo tipo de retazo.
Fue don José Ortega y Gasset muy duro contra los de izquierda y los de derecha (los hunos y los hotros, como diría don Miguel de Unamuno). Alguna ocasión afirmaría que «Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral».
Por su parte, el deslumbrante sol mexicano de la segunda mitad del siglo XX, don Octavio Paz, fustigó a los tirios y a los troyanos. Por una parte, sostuvo que “Hay que repetirlo: nuestra obtusa derecha no tiene ideas sino intereses”. Por no dejar títere con cabeza, señaló que “la izquierda está paralizada por una tradición dogmática y por su pasado estalinista”.
Tanto Paz como Ortega y Gasset, daban por sentado que existía una izquierda y una derecha. Luego Paz (1977) sostendría que en México ni siquiera existían los partidos políticos. Antes, en 1971, Manuel Moreno Sánchez ya hablaba de la inexistencia de partidos políticos en México: “Ciertamente no es infundada la afirmación de que la carencia de partidos políticos que merezcan ese nombre por su organización, permanencias, continuidad, claridad en sus tendencias programáticas y apoyo auténticamente popular, se prolonga hasta ahora mismo” (“Crisis política de México”, Editorial Extemporáneos –1ª edición, 1971–). Podríamos concluir reconociendo que la izquierda y la derecha podrían existir, pero en términos personales, no institucionales.
Frente a esa realidad, procede interrogarnos: ¿Qué es entonces lo que tenemos? Lo que tenemos son personas. Por eso tenía razón don Manuel Moreno cuando decía que “Donde otros ven lucha de clases, yo veo pleitos personales”. En nuestra realidad no cabe ni Bobbio, ni Bovero, ni Ferrajoli. Cabe mejor Benedetti: «De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra». Y hasta las palabras de Benedetti pueden ajustarse: “De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: de los que ocultan sus intereses personales declarándose de derecha o de izquierda sin ser ni de izquierda, ni de derecha”.
* Le atribuyo la frase a Groucho Marx, como muchas otras personas, por razones prácticas. No obstante, se sabe que no es una expresión que él haya pronunciado en alguna ocasión.







