Todos necesitamos testigos
de nuestra vida para poder vivirla
La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes
Si usted quiere conocer la historia mexicana del siglo XX puede leer La muerte de Artemio Cruz y, si gusta, puede consultar un texto de historia oficial porque la novela de Carlos Fuentes nos acerca a los acontecimientos ocurridos a la población no a sucesos históricos que ocurrieron sin personas.
Artemio Cruz, un industrial exitoso, recuerda sus memorias en su lecho de muerte y en ese recuerdo revive la historia de una generación de políticos del México contemporáneo. Recuerda la infancia, sus ideales revolucionarios cuando se integró a la revolución mexicana para cambiar el país; recuerda también las mujeres y la mujer que amó. El tiempo, la institucionalización de la revolución, la operativización de los ideales, la necesidad de controlar el poder, todo ello; fue dejando los ideales en el lugar de los ideales imposibles, para decidir, en su lugar, un conjunto de intereses a mantener.
Al mismo tiempo que vemos el deterioro de los ideales sociales de Artemio Cruz, también vemos el deterioro personal. Su matrimonio es una cadena más en el camino al poder. Se casa con la hija de un terrateniente como una manera de vincularse a las familias poderosas a cuyo amparo se volverá un nuevo rico y un empresario poderosos Poder sin amor, amor con intereses parece ser el equilibrio entre los nuevos ejecutores del poder. El grupo de políticos alrededor de un partido sustituyen al viejo cacique unipersonal. En su lugar ha quedado un nuevo cacicazgo colectivo, llamado partido político, tal y como lo recomendaba Maquiavelo en El Príncipe.s
La novela narra también el surgimiento de la impunidad, de la corrupción y del poder como el lugar donde la necesidad se convierte en discurso en tanto palabrería, palabra que se agota de tanto decirla.
Carlos Fuentes utiliza diversos recursos literarios. Uno de ellos consiste en intercalar el pasado y el presente, apelar a la intertextualidad y recrear escenas de la vida nacional oficial. Esto último otorga un contenido humano a la historia oficial conocida, de tal manera de acercar los acontecimientos al piso de la vida humana.
“Pero recordarás otras cosas, otros días, tendrás que recordarlos. Son días que lejos, cerca, empujados hacia el olvido, rotulados por el recuerdo -encuentro y rechazo, amor fugaz, libertad, rencor, fracaso, voluntad- fueron y serán más que los nombres que tú puedes darles: días en que tu destino te perseguirá con un olfato de lebrel, te encontrará, te cobrará, te encarnará con palabras y actos…”
Otro recurso es utilizar distintas personas narrativas en el mismo personaje. La primera persona es el Artemio Cruz recordando, multiplicando las escenas del pasado. La segunda persona la utiliza Artemio Cruz hablándole a su conciencia o la conciencia de Artemio Cruz hablándole al personaje. La tercera persona del singular la utiliza como un narrador ubicado en el pasado desde donde van discurriendo los momentos de la vida construida en historia.
“Artemio Cruz: sobrevivirás porque te expondrás: te expondrás al riesgo de la libertad: vencerás el riesgo, y, sin enemigos, te convertirás en tu propio enemigo para continuar la batalla del orgullo: vencidos todos, sólo te faltará vencerte a ti mismo”.
Recuerda un moribundo, pero no recuerda como moribundo. No se trata del relato de alguien que recuerda con culpa, sino de quien rehace la vida en múltiples momentos, por eso los capítulos se resuelven en cortes abruptos donde parece dejarse trunco el periodo al que se hace alusión. Sin embargo, no es nada de eso, la novela tiene un hilo conductor a partir de la conciencia de Artemio Cruz.
Porque no es la novela de un arrepentimiento; no es una novela de confesión ante alguien externo, sino que es un relato de poner en claro dónde estuvieron los hitos de su vida. Cuáles de sus decisiones fueron clave para llegar al lugar donde llegó. Qué caminos siguió en cuáles encrucijadas. Por eso es capaz de darse cuenta de las intenciones de quienes se acercan a él, de quienes llegan a quitarle algo del poder que acumuló.
Sabe ver la codicia en los ojos ajenos porque él también tuvo esos ojos.
La muerte de Artemio Cruz puede leerse como la fatalidad mexicana, el círculo que siempre vuelve a cerrarse sobre sí mismo, la imposibilidad de liberarse de caciques disfrazados de gobernantes, la lucha estéril contra los grupos del poder. Puede también leerse como el juicio de un miembro de la clase poderosa hacia sus congéneres. Una puesta en escena de los entramados del poder, una biografía genérica de los poderosos de todos los tiempos disfrazados de revolucionarios. Puede, finalmente, repetir la historia de los cínicos, encaramados en el poder luciendo su farsa de demócratas. O como el destino de la historia en su imposibilidad de acercar la liberación en su repetición de yugos.
Porque La muerte de Artemio Cruz es una novela central para entender al México contemporáneo, a éste que todavía no acaba de regirse por leyes ni convenios internacionales ni por códigos éticos sino por caudillos dispuestos a todo con tal de llegar al poder, conservarse en él y amasar fortunas.
Hoy los Artemios Cruz pueden estar diseminados en distintos partidos políticos, pero su cara, su biografía, es la misma. La literatura, por eso, revela la cara oculta de la historia.
Gracias a Carlos Fuentes por entregarnos este espejo de nosotros mismos. Por asomarnos a las facetas de los poderosos y devolvernos esa otra parte de la historia.
[1] Socióloga. Investigadora de la UAN, lpacheco@uan.edu.mx



