La banda de Messi que sueña con Qatar

Argentina interrumpió una sequía de 28 años sin títulos en la última Copa América, Lionel Messi fue el estandarte de un equipo revitalizado

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Primero fue la estampita: cuando Lionel Messi hizo su debut en la Copa Mundial, ocho de sus habituales compañeros en el once de Lionel Scaloni no habían celebrado los 15 años. Rodrigo de Paul tenía apenas once cuando la incipiente estrella hizo su presentación mundialista con gol incluido ante Serbia y Montenegro en Alemania 2006. Cristian Romero, el pilar defensivo que se erigió como bastión en la zaga central, tenía 15 y ya asomaba como promesa en Belgrano de Córdoba mientras Messi lideraba al combinado dirigido por Alejandro Sabella rumbo a la final de Brasil 2014.

Los casos puntuales de de Paul y Romero son apenas ejemplos de una rejuvenecida Selección que, consumado el recambio impulsado por Lionel Scaloni, comparte un denominador común: la gran mayoría de sus integrantes crecieron idolatrando a quien hoy es su compañero y referente en la Albiceleste que comanda con la cinta de capitán en el brazo y la número diez estampada en la espalda. Mientras Messi construía un legado eterno que lo catapultó al olimpo del fútbol, sus compañeros observaban con admiración las gambetas del astro mientras soñaban con algún día vestir la camiseta albiceleste, con jugar un Mundial, con ser Messi.

Francia acababa de enterrar las ilusiones de Argentina en Kazán, la última decepción de una generación que en ese momento entierra un ciclo de una final mundialista y dos definiciones continentales al que solo le faltó la frutilla del postre: festejar un título. Lionel Scaloni, por entonces ayudante, fue elegido como interino entre rechazo y rechazo de entrenadores de mayor renombre. En su primera experiencia como entrenador, Scaloni impulsó la postergada renovación que Argentina necesitaba.

Foto: Instagram

Fue entonces cuando la nueva camada, aquellos que habían crecido con Messi como poster, tuvieron que descolgar el poster. El encuentro de los dos mundos se dio en marzo de 2019, cuando Scaloni convenció a Messi de regresar al combinado nacional tras Rusia 2018. De Paul, quien en 2015 había publicado una foto con la leyenda “cumpliendo sueños, el más grande de todos” después de un Valencia-Barcelona, concentraba con su coetáneo Leandro Paredes en un hotel de Madrid en la antesala de los duelos ante Venezuela y Marruecos: “Vamos a invitar a Leo a tomar unos mates”, le dijo De Paul a Paredes y así, con el atrevimiento como bandera, empezó a forjarse una relación que se trasladó al campo de juego.

De Paul y Paredes son los cabecillas de los gregarios, un grupo de jóvenes dispuestos a entregarse en cuerpo y alma para ganar por su país y por sus carreras pero también por el referente con el que construyeron sus sueños. De Paul encarna el corazón nacional y Paredes, reconvertido en mediocampista central, es el compañero que mejor interpreta al 10 como solución a un problema eterno: la necesidad de un eslabón previo que evite el excesivo retroceso de Messi para tomar contacto con la pelota.

De Paul, Paredes, Emiliano y Lautaro Martínez y Romero son emblemas de la nueva guardia. También Giovani Lo Celso, el tercer elemento en el mediocampo que tendrá la tarea de asumir parte del rol creativo para evitar que todo recaiga sobre Messi. Nicolás Otamendi y Ángel Di María, dos laderos de la vieja guardia, siguen vigentes en una Argentina que llegará a su debut frente a Arabia Saudita en estado de gracia: con un elenco afianzado dentro y fuera de la cancha que tiene como objetivo común hacer feliz a un país y, al mismo tiempo, saldar la deuda mundialista del ídolo.

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