Por Bernardo Macías Mora (+)

Los McDonald en el libro de M.A. Casillas Barajas

En los primeros años de la década de los setenta, los muchachos preparatorianos escuchábamos en Tepic a los grupos de rock más famosos de entonces, “Los Vagabundos”, de aquí de la capital, y “La Verdad”, de San Blas.

De “Los Vagabundos” ya nos hemos ocupado en otras crónicas y el recuerdo de ellos perdura para siempre, como una época transformadora en todos los sentidos. El Nayarit de entonces era una tierra amable, rica, limpia y de gente de palabra. La densidad poblacional y la ciudad crecían a cámara lenta. Solo la música de las guitarras eléctricas rompía ese silencio de siglos.

Era un Tepic que a partir de las nueve de la noche y hasta el amanecer, ya no encontrabas ni farmacias, ni taxis en servicio, ni comidas. O muy poco de eso. Sin embargo, funcionaba la Zona Roja, como un paraíso de luces y sonidos, en la calle Zaragoza topando con la cerrada de Guadalajara, callejón sin salida. Es decir, que había vida nocturna, relegada a los salones de baile y renta de servicios sexuales. Se tocaba música viva, con orquestas y grupos relevantes. El amanecer deshacía los sueños, y Tepic volvía a su tranquila normalidad.

Leer a Miguel Ángel Casillas Barajas

Cada que leo los relatos y anecdotarios de Miguel Ángel Casillas Barajas en sus ya varios libros publicados, me remonto a aquel Tepic que vale la pena revivir. En “La Sonrisa de Cristine”, el autor nos habló de barriadas, de sus recuerdos familiares, y claro, de rock, pues fue pionero en el género.

Miguel Ángel acaba de lanzar al público un nuevo libro que se titula “El Director”, en donde, -nos aclara-, “hago una compilación de mis mejores relatos que seleccioné cuidadosamente para ofrecerles historias dignas de leerse, escritos de una manera ágil y entendible, sin meterme en líos de buscar palabras muy adornadas para tratar de hacer los escritos más elegantes con palabras finas a las que a veces no estamos familiarizados”.

El libro contiene 16 historias en 24 capítulos. Muchos de los contenidos me parecen autobiográficos, incluyendo algunos que hablan de casas de cita, “El Burdel”, en que Miguel Ángel se anonimiza entre amigos, parientes, conocidos y extraños. Las historias que vienen en capítulos son “El Director” que da nombre a la obra, y “Hospital Friedman”.

Sobre Ismael Montes

“El Director” contiene una pequeña biografía del vocalista tepicense Ismael Montes, que figura internacionalmente como el cantante del grupo chileno “los Ángeles Negros”, tras de la separación de Germain, la voz original. Ismael gana un concurso y graba algunos discos con la mencionada y exitosa institución musical.

Miguel Ángel habla de cómo se inició Ismael Montes participando en “Los Fugitivos” de Tepic, que por cierto fundó y dirigió el propio escritor de este libro “El Director”.

Los McDonald y “La verdad” de San Blas

Muchos crecimos con la idea de que los McDonlad, Mike y Jackie, eran gabachos, gringos, norteamericanos. Y no. No eran extranjeros de allá del país del norte.

En “El Director” el propio Mike McDonald deja claro que él es de Mazatlán, Sinaloa; su hermano Jackie de Zihuatanejo, Guerrero, y su hermana Patricia de Guadalajara, Jalisco. El segundo apellido es Tiznado por su madre Felipa Tiznado Rodríguez. El papá, Glen McDonald sí era nativo de los Estados Unidos.

En 1950 Glen y Felipa llegaron a San Blas, de manera que la niñez y juventud de los McDonald fue en el puerto nayarita.

En 1960, a sus 17 años, Mike se inició en la música y por supuesto en el rock, formando dueto con Jonathan González, “Mike & Johnny” se nombraron y tuvieron presencia en Tepic y San Blas.

Jackie se enseñó a tocar la guitarra muy joven también, y en un viaje a Los Ángeles se integró a un grupo que se llamó “The Higt Tone”, que por allá de 1966 vendrían a San Blas de visita y por supuesto a tocar, siendo invitados también a amenizar la graduación de los estudiantes de la Escuela de Leyes en Tepic, baile que se celebró en el local de la Presidencia Municipal de nuestra capital nayarita.

“La verdad”

Muerto el señor Glen McDonald, los hijos Mike y Jackie pasan aventuras al tratar de cruzar la frontera con EEUU, y tras de averiarse el vehículo en que viajaban, Mike se queda unas semanas en Tijuana y Jackie se pasa a Los Ángeles. Pero no pasa mucho tiempo en que ambos estarían de regreso a San Blas, y con ese ímpetu de los veintitantos años, en 1967 forman el grupo “La Verdad”.

Para ello, capacitaron a un barman que trabajaba para Mike en el Hotel Flamingos, Pedro Vargas, que se encargó de la batería, y en el acompañamiento Raúl Wong, amigo secundariano de Jackie.

“La Verdad” de San Blas pronto se populariza y llegan a estar en el “Mauna Loa” de Mazatlán, Sinaloa. También alternan con “Los Fugitivos” de Tepic, en donde cantaba Ismael Montes, y en 1968, durante un grandioso baile dentro de La Feria Nacional de Tepic, se encuentran con “Los Vagabundos”, en una fecha que jamás se les olvida a quienes los vieron y escucharon. Esa edición de la Feria de Tepic, se celebró en los terrenos de lo que luego sería La Ciudad de la Cultura Amado Nervo, donde hoy se asienta la Universidad Autónoma de Nayarit.

La leyenda de los hermanos McDonald y “La Verdad” no termina ahí, y al contrario, sigue viviendo con Mike, quien aparece de pronto en Tepic junto a José Luis Rochín a principios de los ochenta, en un local de Insurgentes y Durango aquí en Tepic. Muchos músicos nayaritas aparecen al lado de Mike. Lo idealizan. Lo admiran. Todavía, año con año, participan en la organización y en la amenización de un show llamado “La Azotea Beatle”, que se celebra cada diciembre en la casona de Miguel Ángel Casillas aquí en Tepic, por la calle Lerdo poniente.

En “La Azotea Beatle” participa cualquier grupo o solista rockero que se aviente, y vaya que han estado docenas de organizaciones musicales.

“El director”

En la página de Facebook de Miguel Ángel Casillas Barajas se encontrarán las formas de hacerse del libro “El Director”. Son 220 páginas de nuestra crónica contemporánea que debemos tener con nosotros, en familia. Casillas es diáfano para escribir. Prefiere no usar altisonancias. La lectura es cómoda, porque aparta los capítulos en su debido momento, de manera que podemos descansar la vista o separar las páginas de forma por demás entretenida.

Apenas lo conseguí y ya llevo varios cuentos leídos. Aunque me llamó mucho la atención esta parte de los McDonald, que es lo que les comparto ahora en este escrito, pues hay material inédito de estos ídolos musicales de época. Gracias por leer.

Este artículo fue publicado en el periódico Enfoque el 12 de agosto de 2016

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