El pasado mes de enero, OXFAM —esa Confederación Internacional integrado a la fecha por 19 Organizaciones No Gubernamentales y cuyas siglas corresponden a Oxford Committee for Famine Relief y remiten a su fundación en 1942 por activistas sociales de la Sociedad Religiosa de Amigos y académicos de la Universidad de Oxford con el propósito de luchar contra el hambruna que asolaba a Grecia—, publicó un informe denominado “La ley del más rico: gravar la riqueza extrema para acabar con la desigualdad”, que no se limita a diagnosticar la situación que guardan los problema del hambre, la pobreza y la desigualdad a nivel global después de la pandemia de la Covid-19 [lo que no sería poca cosa], sino que también subraya la importancia de gravar a los “súper ricos” para abordar la “policrisis” que padece el mundo y pretende mostrar cómo una imposición adecuada a esa pequeño sector de la población puede ser la vía para lograr un mundo más justo, sostenible y sin pobreza, ese mundo que mora como anhelo en todo corazón humano que se pueda considerar como tal.

El mencionado informe inicia su Resumen Ejecutivo con una doble referencia contrastante y extrema: por un lado —quien ha estado en el centro de la atención en nuestro país por su decisión de instalar una planta de su empresa automotriz en Santa Catarina, Nuevo León— Elon Musk, quien tributó con un poco más del 3% entre 2014 y 2018; por el otro, Aber Christine, una mujer ugandesa que gana 80 dólares al mes vendiendo arroz, harina y soya y que paga el 40% de impuesto de lo que logra vender.

Y, después de un párrafo en el que describe la “policrisis” que aquella a nuestro mundo actual [aumento de decenas de millones de personas que padecen hambre; cientos de millones de personas que afrontan aumentos significativos en productos básicos y energía; el colapso climático que ha obligado a personas de todo el mundo a abandonar su hogares; millones de personas sufriendo los efectos de la pandemia y el aumento de la pobreza por primera vez en 25 años], ofrece un recuadro en el que destaca cuatro datos duros que muestran un mundo objetivamente polarizado:

  • Desde 2020, el 1% más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada en el mundo, casi el doble que el 99 % restante.
  • La fortuna de los billonarios aumenta en 2,700 millones de dólares cada día, mientras que los salarios de al menos 1,700 millones de trabajadoras y trabajadores, crecen por debajo de lo que sube la inflación.
  • En 2022, las empresas energéticas y de alimentación duplicaron con creces sus beneficios, distribuyendo 257,000 millones de dólares en dividendos a sus ricos accionistas, mientras más de 800 millones de personas se iban a la cama con hambre cada noche.
  • Por cada dólar recaudado en impuestos a nivel global, tan sólo 4 centavos se recaudan sobre la riqueza, y la mitad de los milmillonarios del mundo vive en países donde no se aplica ningún impuesto de sucesiones a la riqueza que heredan sus descendientes.

Y cierra el recuadro con un cálculo de lo que sucedería si se aplicara un impuesto a la riqueza de hasta el 5 % a los multimillonarios y milmillonarios:

  •  Podrían recaudarse 1.7 billones de dólares anualmente, lo que permitiría a 2,000 millones de personas salir de la pobreza, además de financiar un plan mundial para acabar con el hambre.

En un primer desarrollo analítico, “La ley del más rico” muestra la estrecha correlación que existe entre la rebaja en las tasas impositivas aplicadas a los ricos a partir de 1980 [¡De alrededor del 60% a cerca de un 10%!] y el incremento del porcentaje de ingresos en manos del 1% más rico… [Aquí, un dato que llama la atención: las tasas impositivas más altas aplicadas en la actualidad corresponden a los países de la OCDE: 42% aproximadamente, mientras las más bajas, corresponden a los países de América Latina: 27% aproximadamente; México, parece estar a la mitad, con una tasa máxima de 35%].

Entre las conclusiones de ese análisis, OXFAM sostiene que no tiene por qué ser así. Es más, que esa disminución en la tasa impositiva al 1% más rico ha traído consecuencias funestas para la gran mayoría de la población e indebidamente benéficas para ese pequeño sector, por lo que es importante insistir en la necesidad de gravar más a quienes no solo tienen más, sino que se están enriqueciendo más y más gracias a esos privilegios con que cuentan y, sobre todo, mostrar las maneras en que estas medidas podrían ser viables y hacer posible lo antes mencionado: la salida de la pobreza de 2,000 millones de personas y el financiamiento de un plan mundial para acabar con el hambre…

Por lo pronto, una señal de esperanza es el hecho de que la idea de gravar la riqueza estaría alcanzando acuerdos más amplios no solo entre el grueso de la población, sino entre algunas de las personas más ricas y en instituciones —como el Fondo Monetario Internacional— que, en otros tiempos, se hubieran opuesto, sin duda, a este tipo de medidas.

Reconociendo que una mayor presión fiscal sobre los ultra ricos no es la única solución a la crisis de desigualdad, el Informe sostiene que gravar la riqueza extrema es un elemento fundamental para esa solución y propone cuatro medidas concretas:

  1. Aplicar impuestos de solidaridad con carácter temporal sobre la riqueza y los beneficios extraordinarios (o sobre ganancias) de las grandes corporaciones, así como impuestos mucho más elevados sobre el pago de dividendos.
  2. Incrementar de manera sistemática el impuesto sobre la renta del 1 % más rico, con tipos impositivos más elevados para los multimillonarios y los milmillonarios.
  3. Gravar el patrimonio de los súper ricos a tipos impositivos lo suficientemente elevados como para reducir sistemáticamente la riqueza extrema y reducir la concentración del poder y la desigualdad.
  4. Utilizar los ingresos recaudados a partir de estos impuestos para aumentar el gasto público en sectores como la salud, la educación y la seguridad alimentaria, así como financiar una transición justa hacia un mundo con bajas emisiones de carbono.

Interesante el análisis y la propuesta. Difícil, sin embargo, su implementación por lo que implica no para ese 1% y para los gobiernos que, con todo y su opción verbal por el pueblo, optan por una austeridad selectiva y acaban beneficiando, a ese 1% que, en nuestro país, aumentó su fortuna durante la pandemia en 645,000 millones de pesos.

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