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jueves, julio 18, 2024
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Vamos a votar de forma libre y razonada, sin odio

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“Puedes estar obligado a hacer la guerra, pero no a usar flechas envenenadas”

Baltasar Gracián

Votar es un derecho de los mexicanos consagrado en la Constitución. El acto de votar no es la base de la democracia, aunque sirve para construirla. La democracia no inicia ni termina con el ejercicio de sufragar. Está demostrado de sobra que puede haber elecciones sin democracia, aunque una democracia puede ser mejor con elecciones.

El próximo domingo 2 de junio, millones de mexicanos saldremos a votar. Se elegirá de entre decenas de miles de candidatos, a más de 20 mil personas para ocupar cargos públicos. Los costos de esas elecciones son enormes. Son decenas de miles de pesos los que se destinan para organizar las elecciones y para financiar a partidos y a candidatos independientes.

El ideal de las elecciones, es lograr que la gente vote de manera libre y razonada. No todos contribuyen a lograr el objetivo, pues muchos son los casos en los que se cultiva el odio, la furia, la reacción visceral. La irresponsabilidad lenguaraz ha tomado por asalto la escena electoral.

Se tiene la idea de que la gente no usa el cerebro para votar, sino que vota impulsada por el hígado. Esa es una idea que ha sido sembrada por publicistas que venden su trabajo que es ese, el de sembradores de odio. No han reparado en una característica del odio: el odio es ciego. El odio mata principalmente a quien lo promueve. Lo hemos visto y lo veremos.

Para sembrar odio, se utiliza el tema de los programas sociales. La derecha dice que los programas sociales no van a desaparecer. Desde otra esquina, se dice que la derecha desaparecerá los programas sociales. ¿Qué debe hacer la gente para votar en favor de un gobierno que mantenga vivos los programas sociales?

La memoria y la comparación es buen inicio. Durante décadas, algunos fueron gobierno federal y en las entidades federativas. No crearon una pensión universal como la que hoy reciben millones de personas adultas. Por el contrario, argumentaron que las finanzas públicas no soportarían una presión de gasto de esa magnitud. Ese fue el argumento más “decente”, pero grotesco, que tuvieron a mano para oponerse a crear los programas sociales.

Una parte de las expresiones de campaña no fueron tan “decentes”, sino que se fueron directo a la descalificación y a la imbecilidad de plano anti política. Un ejemplo: el del expresidente que propuso mandar a trabajar a “los viejos güevones”. Obviamente ese tipo de personas no desean pensiones o becas parta estudiantes: si son candidatos van a desaparecer programas sociales.

Esas expresiones durante décadas fueron gobierno. Todo ese tiempo no crearon programas sociales dignos de un Estado de Bienestar. Se manifestaban como celosos guardianes de la “macroeconomía”.

Uno iba a un hospital como el ISSSTE o el IMSS, o como los hospitales estatales. Cierto, los había, pero los empezaron a privatizar. Ahora prometen la privatización del IMSS o del ISSSTE y demás: prometen que cualquier persona pueda hacer uso de cualquier hospital privado si no le atienden en las instituciones públicas. Para allá iban, pero se les acabó el negocio.

Todos recordamos que en los hospitales públicos como el IMSS o el ISSSTE, la gente era apilada en los corredores de los nosocomios por falta de camas. A la gente no se le atendía por falta de médicos, por falta de especialistas. A la gente no se le recetaba ni un paracetamol porque no había medicamentos. A La gente no se le realizaban cirugías porque los quirófanos tenían goteras, porque los hospitales estaban abandonados o no existían, porque no había equipo.

El sector salud estaba desahuciado. El sector salud estaba en proceso de privatización. Esa es la era indefendible. Quienes fuimos derechohabientes del ISSSTE O del IMSS, vivimos esa dura realidad. Y eso que no fueron épocas de COVID.

Programas sociales, becas para adultos mayores, becas para estudiantes, democratización del arte y la cultura: todo eso era y fue abandonado. Por razones clasistas, siempre se han opuesto a los programas sociales.

La derecha considera que socialmente, “vaca que no da leche, debe ir al rastro”. ¿Van a cambiar?: ¡claro que no! De qué a la perra le da en tragar huevos, ¡ni rompiéndole el hocico!

Las comparaciones siempre son injustas. No obstante, en las elecciones hay candidatos que ofrecen la carreta y los bueyes y, al final, a los electores no les ven la cara de carreta. Ahora se promete lo que no hicieron durante décadas que fueron gobierno. En el futuro no lo van a hacer. Si pudieran, en el futuro quitarían programas sociales “para mantener el equilibrio de las finanzas públicas”.

Ahora vamos a votar el próximo domingo dos de junio. Si los que buscan cargos públicos no dan argumentos sino chismes, por lo menos comparemos y recordemos. Recordemos que sin COVID ya se habían acabado los hospitales públicos. Recordemos que no había medicamentos y tampoco había becas para adultos mayores, ni subsidios para jóvenes en busca de integrarse al mercado laboral.

Los candidatos que buscan sembrar el odio en los corazones de los electores, no tienen nada que dar ni nada que proponer. La escena electoral tiene innumerables ejemplos de sembradores de odio. Con una sonrisa inyectan el veneno. Así, en esas condiciones los electores deben pensar serenamente el sentido de su voto.

El voto de cada persona es igual de importante. Razonar el voto es complicado cuando lo que se alimenta es la bilis y no el cráneo. No obstante, el elector sabe distinguir el trigo de la paja y sabe razonar, aunque no le den muchos elementos para lograrlo.

En cuanto al voto libre, no hay mucho que decir. El voto es secreto y, por tanto, el voto es libre. Ese voto libre es un asunto de conciencia, es un asunto de congruencia. Tú eres tú testigo.

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