
Como recalca nuestro director en MERIDIANO, Jorge Enrique González: “La historia también es noticia”. Amigas y amigos: la tradición narrativa “México, país de caudillos que se matan entre sí” es una interpretación histórica recurrente, especialmente al analizar los periodos de la Independencia y la Revolución Mexicana, donde el “canibalismo revolucionario” marcó la eliminación física de líderes por parte de sus propios compañeros de armas.
EL CONTEXTO
Durante la Revolución Mexicana, tras la caída de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta, los líderes revolucionarios se enfrentaron entre sí por el poder. La mayoría de los principales líderes fueron asesinados por otros revolucionarios: Francisco I. Madero fue asesinado bajo el régimen de Huerta, pero Emiliano Zapata fue emboscado por carrancistas en 1919, Venustiano Carranza fue asesinado en Tlaxcalantongo, Pancho Villa fue emboscado en Parral, y Álvaro Obregón fue asesinado en 1928. Estos líderes y muchos más que los seguían, terminaron enterrados en el Monumento a la Revolución, irónicamente juntos tras haber sido enemigos mortales.
INESTABILIDAD POSREVOLUCIONARIA (1920-1928)
La lucha de facciones continuó después de la etapa armada intensa. La generación de generales revolucionarios sufrió purgas y asesinatos, destacando figuras como Lucio Blanco, Benjamín Gil y Francisco Murguía entre 1920 y 1928. El caudillismo se caracterizó por líderes carismáticos, con poco apego a la ideología, que buscaban el poder personal.
FIN DEL CAUDILLISMO
Se considera que el fin de esta era ocurrió el 1 de septiembre de 1928, cuando Plutarco Elías Calles declaró que México pasaba de ser un “país de caudillos” a una “nación de instituciones”, tras el asesinato de Obregón.
EN LA INDEPENDENCIA
Este fenómeno no fue exclusivo de la Revolución. Los líderes de la Independencia como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y José María Morelos fueron fusilados, a menudo tras traiciones o conflictos internos entre las facciones insurgentes. Este conflicto interno se interpreta como una lucha por la consolidación del Estado, donde los intereses regionales y personalistas primaban sobre un proyecto de nación unificado. Quién sabe, la sangre siempre ha corrido en México.
EN LA NUEVA ERA
No puede olvidarse la nueva etapa “revolucionaria” con la muerte de Luis Donaldo Colosio, Ruiz Masiuu y otras personalidades: gobernadores, exgobernadores, alcaldes, diputados y líderes sociales. ¿Hasta cuándo terminará la lluvia de balas y el derramamiento de sangre con fines y ambiciones políticas?
VEREMOS Y DIREMOS.







