La estructura que regula la producción del conocimiento en las instituciones de educación superior del país funciona mediante un algoritmo que ignora la materialidad del cuerpo y la distribución del tiempo doméstico. Los baremos de evaluación impuestos por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías penalizan de manera indirecta a las mujeres que asumen la crianza en solitario o durante las etapas de la primera infancia. La exigencia de publicar artículos en índices internacionales, impartir cátedra de nivel posgrado y dirigir proyectos de infraestructura científica edifica una jornada continua que no contempla pausas por lactancia o convalecencia médica. Las investigadoras adscritas a los centros de desarrollo regional se ven obligadas a simular una disponibilidad absoluta, forzando una resistencia que desgasta la salud mental bajo la amenaza constante de la degradación laboral.
El testimonio autoetnográfico de Sujey Alí Corona Calderón expone esta fractura operativa desde su posición como profesora investigadora en el área de las ciencias sociales dentro de la máxima casa de estudios del estado. Tras obtener la incorporación al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, el nacimiento de su descendiente transformó los indicadores de productividad en una fuente de ansiedad persistente. La burocracia centralizada asume que el investigador opera en un vacío social, desprovisto de responsabilidades afectivas o biológicas básicas. Detalla la violencia de esta omisión al describir el terror burocrático que representa la proximidad de las convocatorias de renovación, donde el rezago en la escritura de capítulos o el retraso en los dictámenes de las revistas indexadas se interpretan institucionalmente como desinterés profesional.
La fragmentación de la jornada cotidiana obliga a las docentes de la Universidad Autónoma de Nayarit a trasladar las labores de redacción científica a las horas reservadas para el descanso nocturno. El cubículo universitario se convierte en un espacio de tensión donde las llamadas de las estancias infantiles interrumpen las reuniones de academia o las tutorías de tesis de nivel licenciatura. Esta superposición de tareas genera un fenómeno de disociación intelectual, donde la investigadora debe analizar variables metodológicas complejas mientras atiende las demandas inmediatas de un lactante febril. La autora registra la carga psicológica de este desdoblamiento al confesar la culpa persistente que surge de la sospecha de estar descuidando el rigor de la producción académica para cumplir con las exigencias de la supervivencia doméstica.
Las comisiones evaluadoras que dictaminan la permanencia en los programas de estímulo al desempeño docente suelen aplicar criterios homogéneos que invisibilizan las brechas de género estructurales en la provincia mexicana. A pesar de los discursos oficiales sobre inclusión y paridad de género, los formatos de captura digital no cuentan con apartados técnicos que ponderen la reducción de horas de trabajo derivadas de partos prematuros o puerperios complejos. Las académicas nayaritas deben competir en condiciones de desigualdad matemática frente a homólogos varones que no asumen la jefatura de los hogares ni la administración directa de los cuidados diarios. El texto documenta el impacto de esta disparidad al señalar el agotamiento físico que resulta de sostener la producción de textos científicos en condiciones de insomnio prolongado.
La privatización de los costos del cuidado de la infancia reduce el margen de ahorro de las investigadoras jóvenes que no cuentan con plazas definitivas en la estructura sindical de la universidad. El sueldo percibido a través de las horas de asignación temporal se destina de forma prioritaria al financiamiento de guarderías privadas, enfermeras a domicilio y medicamentos de especialidad pediátrica. Esta sangría económica anula los beneficios de los estímulos federales, transformando el reconocimiento académico en un subsidio indispensable para costear el derecho al trabajo. El entorno urbano de Tepic carece de redes de transporte público articuladas que faciliten la movilidad eficiente entre las áreas habitacionales periféricas y la Ciudad de la Cultura, añadiendo horas muertas al desgaste ordinario de la docente.
La resistencia frente al colapso operativo se articula a través de alianzas informales entre compañeras de laboratorio o de unidades de gestión administrativa. Ante la ausencia de guarderías institucionales con horarios extendidos en el interior de los campus, las oficinas y salas de juntas se transforman de manera provisional en espacios de crianza compartida. Las académicas coordinan sus horarios de clase para vigilar la descendencia de las colegas que se encuentran frente a grupo o participando en congresos nacionales. Sin embargo, la autora enfatiza que estas soluciones paliativas no eximen al Estado de su responsabilidad legal, sino que trasladan la obligación colectiva de los cuidados a la buena voluntad de un sector históricamente precarizado y sobreexplotado.
La transición hacia la madurez profesional coincide en las trayectorias de las autoras con la aceptación de que el éxito académico construido sobre el sacrificio de la salud biológica constituye una victoria vacía. Corona Calderón concluye su análisis exigiendo la reconfiguración completa de las métricas de excelencia que deshumanizan el ejercicio de la investigación en el país. El valor de la ciencia generada en las regiones de la provincia no puede medirse únicamente por el impacto de citación en bases de datos comerciales, sino por la capacidad de los centros de estudio para sostener la vida de sus trabajadoras.
La quinta y última entrega de la serie cerrará esta revisión crítica analizando las propuestas de la obra para construir una ética de la queja colectiva y la sororidad en el Nayarit contemporáneo. Las experiencias de Maternidades a capela confirman que las universitarias han decidido romper la vitrina de la academia decorosa para instalar un debate impostergable en las estructuras del poder local. Meridiano concluye este examen mañana, manteniendo su línea de periodismo directo y sin concesiones retóricas.
Pelayo, M. B. (Coord.). (2026). Maternidades a capela. Editorial UAN








