Presume México haber inventado el intermedio en el cine. No lo sé de cierto, pero quiero creerlo. Como se sabe, antes se exhibían dos películas, un programa doble que podía durar la tarde entera, y cada una traía su intermedio de unos minutos. Se encendían las luces de golpe a media historia y todos parpadeábamos. La gente estiraba las piernas, fumaba, cortejaba, corría a la dulcería a consumir: palomitas, un refresco, un pan. Hoy, en pleno Mundial, entiendo que la FIFA aportó el suyo con un nombre más elegante: hidratación. No quiero discutir si los jugadores lo necesitan; con estos calores, capaz que sí. Pero es una pausa anticlimática, calculada para que en las gradas se beban más tragos, a precio de restaurante de diez estrellas Michelin. Que, para ser exactos, no existen.







