Hay quienes bucean en ríos. Los hay quienes en mares. He visto buzos en marismas alrededor de Mexcaltitán. En su mayoría ellos con fines científicos. He sabido de trabajadores que entran a bucear en aljibes profundos para reparar grietas o hacer limpiezas en su fondo. Por supuesto que también conozco del buceo recreativo practicado en las aguas cristalinas de algunos destinos turísticos.
Pero el buceo que me inspira es aquel en que el operador no ve nada a su alrededor debido a la suciedad. Atufa el agua y pareciera que se espesa. El buzo de aguas negras no ingresa a ver vida y tampoco lo hace por recreación. En esas aguas no hay vitalidad ni placer. Esta clase de submarinistas urbanos le entran a lo sucio para hacer que el sistema funcione, moviendo obstrucciones y retirando basura. Si no fuera por ellos, el sistema no podría cumplir su función.
Eso es lo que quiero ser. Un buzo de agua puerca en este drenaje llamado humanidades. Tenemos demasiada basura en la estructura del sistema que obstruye su funcionamiento. Las veces que he hecho inmersión, he palpado cursos motivacionales, pedaceras constructivistas y restos de lo que alguna vez fue la figura docente. Casi no la reconocía. Estaba toda putrefacta. Como si llevara treinta años o más metida en ácido vocacional.
Cada drenaje que he visitado tiene lo suyo. En algunos se encuentran malas formaciones, en otros malas prácticas y hay drenajes de malos modelos a seguir. No son los únicos. Son en los que más inmerso estoy. Recientemente estuve en el de malos modelos. Por más que quise limpiar y remover, me fue imposible. La gente que se sirve de esa agua se resiste a cambiarla por una más clara. Normalmente desarrollan fanatismo por famosos que interpretan la letra de la firma, que leen cartas o por quienes tienen un estilo de escritura igual de oscuro que el agua de ese drenaje.
Ser buzo de aguas negras en los drenajes de la Ciudad de México permite identificar los hábitos de limpieza y contaminantes frecuentes que desecha la población. Pero ser buzo en las humanidades le vuelve a uno capaz de observar todas las contradicciones que por educación o ciencia entendemos. Es imposible pensar en una educación de calidad y de excelencia si asumimos que esta agua turbia es mágica o bendita, como si fuera del río Ganges.
Ser esta clase de buzo tiene sus placeres. Disfruto leer de ciencia, pero también de lo que no es. Observar a quienes la practican. Y así comprender el mal de muchos fenómenos sociales que son regados con estas aguas.
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