Por José Luis Olimón Nolasco

En esta mañana nebulosa y ventosa de domingo, me dispongo a escribir las “palabras” con las que, el próximo miércoles, re-inciaré, por segunda vez en menos de un año, mis colaboraciones en las páginas —impresas y electrónicas— de Meridiano de Nayarit…

De ahí el título que les he dado, porque a este tercer “venir” le anteceden dos “ires”: el primero, en la coyuntura del cambio de gobierno en nuestro estado, el que trajo, entre sus consecuencias, turbulencias en el diario que, hace años, heredó la estafeta de El Nayar y que dejaron en el tintero unas “palabras” que hice llegar a quien, ingenuamente, creí que seguía al frente de la dirección editorial.

Sin embargo, unas pocas semanas después, recibí —de parte del Mtro. Marco Olvera, nuevo Director Editorial— la invitación a seguir enviando mis colaboraciones semanales. Y así lo estuve haciendo hasta el 19 de enero en que se publicaron unas palabras que escribí a propósito de un pequeño libro de cuentos de Efrén Ruiz [Círdan Ápeiron], quien fue mi alumno en la UAN.

Unos días después, envié al todavía Director Editorial, un mensaje en que le decía: “Esta semana no me fue posible escribir mi colaboración para El Meridiano y, dado que en la Comisión de Derechos Humanos me han hecho regresar a las labores ante el retraso de solución a mi solicitud de pensión y con 5 Unidades de Aprendizaje ante mí este semestre, creo que no podré escribir con calma y seriedad mis colaboraciones… En caso que el asunto de mi solicitud de pensión se resuelva, creo que podría volver a intentarlo…”.

En el contexto de ese mi segundo “irme”, “se revolvieron de nuevo las aguas” en Meridiano de Nayarit, hasta llegar a lo que parece ser esa calma que suele venir después de la tormenta.

Ahora bien, los “ires” y “venires” en mi vida personal y laboral han estado muy presentes, particularmente en tiempos recientes…

Acabo de mencionar uno, ese que, en el contexto de una solicitud de pensión —después de 17 años en la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos para el Estado de Nayarit— presentada ya hace más de dos años sin que se hubiera resuelto, me llevó, de nuevo a las labores presenciales “mientras se resolvía ese trámite”, así como a la decisión de dejar de colaborar para Meridiano —también “por mientras”—.

Sin embargo, más tardé en volver que en volverme a ir —esta vez con un permiso sin goce de sueldo y, unos días después, de manera definitiva por la resolución positiva a mi solicitud de pensión— ante la imposibilidad —más formal que real— de compatibilizar las labores en la CDDH-Nayarit y en la UAN —como lo había podido hacer a lo largo de 17 años, gracias, sobre todo, a la flexibilidad encontrada desde mi llegada, en la CDDH y a la apertura, cada vez más forzada, en la UAN—.

Ese “irme” definitivo de la CDDH —como todo “ir”— abre nuevos horizontes, nuevas posibilidades, entre las cuales, por lo pronto, destaca esta: mi “tercer venir” a colaborar en este diario de larga tradición y duración en nuestro estado, que, como muchas publicaciones impresas, lucha por sobrevivir en un contexto en que las redes sociales y las publicaciones exclusivamente electrónicas ocupan más y más los espacios informativos y de opinión y en el que los apoyos gubernamentales y privados escasean.

Heme aquí, pues, viniendo de nuevo con “palabras” que, sujetas más a la inspiración que al tiempo disponible, buscaré seguir abordando temas serios e incluso graves y, en otros, temas lúdicos, en los ámbitos de las artes y los deportes…

Por lo pronto, unas palabras, ya no sobre los “ires y venires”, de Meridiano y míos en él y fuera de él sino sobre algunas aguas turbulentas en las que navegamos y —quizás, sólo quizás— naufragaremos…

Las aguas turbulentas en nuestro país, esas que, para algunos nos están redirigiendo hacia una “tierra de bienestar”, sin corrupción, sin violencia, sin pobreza ni desigualdad y, para otros, nos están llevando hacia un poder monárquico —en el sentido etimológico del mandato, guía o gobierno de uno— sin contrapesos; hacia un país con un modelo sesentero-setentero, con un estado debilitado y un ejército empoderadísimo; sin suficiente inversión extranjera, con algunos de los empresarios más ricos empoderados y con los grandes problemas antes mencionados —corrupción, violencia, pobreza y desigualdad— combatidos retórica, mas no efectivamente, a pesar de la buena voluntad que parece estar detrás.

Las aguas turbulentas del “gigante dormido” [Nayarit], difícil de despertar con un endeudamiento gubernamental crónico y con unas promesas casi imposibles de cumplir en esa materia, no solo en el ámbito del propio gobierno estatal, sino a nivel municipal y universitario. Incluso, quizás, en esa promesa concreta que fue tema de mi primera colaboración en este espacio: la “resurrección” del Estadio Nicolás Álvarez Ortega…

Las aguas turbulentas de la Universidad Autónoma de Nayarit que, si bien en esta coyuntura de final de año fue objeto de una atención de emergencia —agua oxigenada, merthiolate y algún “curita”— que evitó —de manera algo amañada y con cargo a “logros sindicales” o “privilegios laborales”— el estallamiento de la huelga, sigue sobreviviendo en situaciones precarias, sin que se solucionen los problemas de fondo y, al parecer, creyendo, ingenuamente, que con recluir a quien ha encabezado uno de los poderes fácticos [y que ha sido también la única voz y fuerza en favor de los trabajadores y trabajadoras] y con llevar a la rectoría a una mujer académica con lazos innegables con otros poderes fácticos internos de ya muy larga duración, se transformará una realidad que necesita, al menos, una cirugía mayor…

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