Detalla el INAH intervención en templo de San Blas

Los especialistas hicieron hincapié en la falta de mantenimiento, la fragilidad del núcleo del muro y su deterioro, además de la invasión de flora parásita que era más que evidente.

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El Antiguo Templo Parroquial de San Blas presentaba  grave deterioro que requirió de acciones de restauración supervisadas en todo momento por arquitectos y especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), confirmó la delegación de esta dependencia federal en Nayarit.

“Pérdida de aplanado en el muro de la fachada principal, erosión de juntas de mortero en la mampostería de piedra, junta constructiva entre la torre del campanario y la nave, deterioro en algunos componentes de la cubierta, humedades, presencia de microflora y flora parásita menor, putrefacción y pérdida de elementos de madera, así como construcciones recientemente adosadas que generaron humedades al interior entre ellas”, fueron parte de la lista de daños que informaron los arquitectos José Alberto Escobedo Hernández y Yamil Amaneil Pérez Solano al justificar la intervención en el inmueble.

De acuerdo con el Centro INAH-Nayarit el templo ubicado en la calle Sinaloa sin número esquina con el H. Batallón de San Blas en el corazón del puerto, está incluido en el catálogo nacional de monumentos históricos con clave 18 012 001 0004. Mismo que destaca por su calidad monumental que lo ha llevado a ser calificado como histórico de acuerdo con la ley federal.

La creación de este  templo parroquial data del siglo XIX, habiendo iniciado su construcción en el año 1808 momento en que sus constructores emplearon una combinación de materiales entre adobe, piedra y ladrillo, generando una cubierta de dos aguas y estructuras de madera que soportan una teja de barro. Se estima que para 1878 se terminan de cerrar los muros y la cubierta, posteriormente en 1882 al parecer se montan las campanas del templo de la Marinera en el recinto religioso, “fue un proceso lento de construcción”, señalaron Escobedo Hernández y Pérez Solano.

Desde diciembre de 2021 a la fecha, el INAH ha otorgado tres licencias para realizar trabajos de reparación. La primera fue enfocada al retiro de las tejas, desmontaje de muebles sanitarios, retiro de vegetación, demolición de firmes de concreto y liberación de puertas y ventanas.

En la segunda se realizaron acciones de liberación, consolidación y reintegración, básicamente se trató del retiro de elementos añadidos, liberación de flora- parasita, restitución de juntas y aplanados con juntas de cal, retiro de aplanados de cemento, reperfilado de molduras, inyección de grietas, retiro de instalaciones en desuso, consolidación de cubiertas y restauración de carpinterías; mientras que en la tercera se ha dedicado a la instalación de sistemas eléctricos, pluviales y sanitarios.

Durante estos trabajos, los arquitectos destacan el hallazgo de escasos vestigios de pintura mural, “no en muy buenas condiciones” sobre las paredes del inmueble religioso, así mismo en el piso se localizaron dos capas, una primera a base de sillares de cantera y la segunda de empedrado.

La conferencia de prensa del Centro INAH en Nayarit fue principalmente dirigida a responder las dudas sobre el proceso de aplanamiento de la fachada que desató gran controversia en redes sociales.

“La fundamentación histórica es una de las razones. En una revisión gráfica, se pudo acceder a imágenes de cómo ha lucido el templo a lo largo del tiempo, sobre todo a mediados del siglo XX o incluso anteriores. En todas ellas aparece la piedra cubierta por un aplanado probablemente hecho de cal, por lo blanco de su apariencia; hasta ahora no se tiene evidencia o registro de que en tiempo pretéritos haya tenido la piedra aparente… el aplanado es parte de su sistema constructivo y entre otras funciones tiene el objetivo de proteger el muro de los agentes que lo deterioran como es el caso de la lluvia, el viento, la flora, la fauna, etc.”, señalaron los representantes del instituto quienes además agregaron que a simple vista se podían comprobar los vestigios de esta técnica.

Por otra parte, los especialistas también hicieron hincapié en la falta de mantenimiento, la fragilidad del núcleo del muro y su deterioro, además de la invasión de flora parasita que era más que evidente: “La ausencia de aplanado y un avance progresivo de los deteriores podrían afectar de manera irremediable el muro, comprometido su capacidad de carga y en algún momento extremo, representar riesgo de colapso”.

Finalmente, el arquitecto Pérez Solano recuerda que todos los templos de México han sido aplanados, ya que esto evita que entre la humedad del exterior al interior de los muros, sobre todo en el caso de San Blas donde es más crítico problema; además aclara porque muchos de los recintos religiosos solo presentan la cantera, dejando de lado la técnica de aplanado.

“A principios de los años 60, alguien de renombre se le ocurrió quitar el aplanado de un templo en la CDMX y todo mundo dijo que se veía muy bonito; esto trajo como consecuencia un desborde en aflorar la cantera. En el caso de San Blas, el aplanado tenía pintura mural que fue perdida por retirarlo, ahora nos damos cuenta de que no se ve bonito, porque es piedra que solo está hecha para construcción”.

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