Mariana, la reina de la pista, confiesa una vida de excesos

“Hace años dejé de consumir drogas, tengo muchos años sin dedicarme al oficio porque conocí a un hombre bueno, me casé con él, ahora me dedico al hogar y recuperé el cariño de mis hijos y el amor de mi madre”.

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Durante más de 10 años trabajó como bailarina exótica y llegó a ganar más de 3 mil 500 pesos por noche. Sus clientes eran políticos, médicos, licenciados, obreros, campesinos y también personas conocidas  como mañosos. Se enamoraba, sí, pero era un amor efímero, duraba solamente mientras permanecía con ellos en una habitación de hotel.

Mariana, ese fue su nombre artístico, el de batalla y con el que quiere ser identificada en esta charla con Meridiano, en la que desnuda su vida de baile y exceso con las drogas, una vida que ya abandonó por la de familia, con esposo, hijos y nietos que cuidar.

Mariana llegó a ser la estrella de la noche, su belleza encantaba a los hombres a quienes hipnotizaba con sus caderas, bailes exóticos y caricias. Debutó a sus 26 años en la pista de baile, era entonces una bailarina más tímida que exótica: “y sentía mucha vergüenza, pero a los pocos minutos de salir al escenario y con los aplausos y silbidos de los asistentes, la vergüenza desapareció y vino la vanidad que me alimentaba el ego, porque al sentirme deseada por los hombres me motivaba a seguir mostrando mis cualidades artísticas y mi cuerpo desnudo a los asistentes”, se ufana.

Pero la alegría y los buenos momentos no serían para siempre y aparecieron las drogas, las malditas drogas que la llevarían por un camino inimaginable, primero las consumió para darse valor y poder subir al escenario, le llegaron a provocar pánico, pero después de media hora de relajarse en el camerino, salía con todo al entarimado para volver a conquistar con su belleza a los clientes que noche a noche asistían a los centros nocturnos de esa época.

Además, reveló que para lograr sobrevivir en ese ambiente, es necesario contar con un  hombre fuerte, audaz y dispuesto a defenderla de cualquier posible agresión: “es por eso que me involucré con un guardia de seguridad que trabajaba en uno de los tantos centros nocturnos que operaban en la capital, recuerdo que mi hombre y mi protector era el más guapo de todos y el más fuerte, era el más varonil, él era quien me cuidaba, él evitaba que se me acercaran de más, que no me jalaran los clientes, que no me tocaran, con el sólo hecho de que yo levantara la mano él ya estaba a mi lado para defenderme, pero todo eso tenía un precio y yo lo pagué, porque al involucrarme con ese hombre sentimentalmente yo tenía que mantenerlo y mi jornada laboral empezaba a las 8 de la noche y terminaba a las tres o cuatro de la mañana, todos los días”.

Mariana dice que en esa época sólo vivía para bailar, consumir drogas y tener siempre contento a su protector: “yo no pensaba en mis hijos, no pensaba en mi madre, yo solamente quería seguir consumiendo sustancias y siempre estar al lado de mi pareja, yo quería que él me dijera que me quería y que me necesitaba, eso era lo bonito. Lo triste era cuando se nos acababa la droga y yo tenía que salir a conseguir dinero para volver a comprar más sustancia, recuerdo que en una ocasión le hice saber a mi viejo, que ya no quería seguir prostituyéndome y él me contestó, que si yo no salía a conseguir la sustancia, él saldría a trabajar y por el miedo que me dejara, por miedo a que se fuera con otra mujer más joven que yo, de nueva cuenta yo volví a salir a prostituirme, a bailar, volví a salir a ganarme unos pesos, pero yo sólo quería dinero para comprar más sustancia, mientras mi hombre se quedaba dormido en el cuarto del hotel donde vivíamos”.

Sin embargo, Mariana reveló que al pasar de los años, su belleza poco a poco se empezó a marchitar y un día  se vio en la necesidad de abandonar para siempre el baile exótico, y la conquista por una noche: “y al dejar de producir dinero, mi padrote, al que yo creía era mi hombre, me abandonó. Hace años dejé de consumir drogas, tengo muchos años sin dedicarme al oficio  porque conocí a un hombre bueno, me casé con él, ahora me dedico al hogar, ahora me dedico a mi marido, recuperé el cariño de mis hijos y el amor de mi madre, mi marido y yo tenemos un negocio que nos deja dinero para sobrevivir, un negocio legal, un negocio decente, me alejé del mundo de la música, de las luces de colores, del mundo de fantasía, ahora me dedico al hogar, algunas noches extraño ese ambiente, extraño los elogios, los piropos, pero ya nada es igual, ya no puede regresar a ese mundo, han llegado otras mujeres más jóvenes y me desplazaron a mí y a todas las de mi generación, ahora yo al lado de ella, sólo soy una flor marchita, por eso he decidido quedarme en casa, atender a mi marido, a mis hijos, a mi madre que ahora está un poco enferma, pero no me arrepiento ni me avergüenzo de mi vida pasada, total ya pasó, eso ya es historia”.

“Gracias. a Dios logré salvar mi vida, gracias a Dios llegué a un centro de rehabilitación y ahora vivo sin consumir drogas ni alcohol, con frecuencia asisto a un grupo de AA y ahí mi vida ha cambiado, me retiré del ambiente artístico para siempre y creo yo, que a tiempo, porque muchas de mis compañeras al igual que yo envejecieron y ahora todos los hombres las desprecian, algunas siguen ejerciendo el oficio pero ya nada es igual, otras ya no están entre nosotros, murieron de forma trágica o por enfermedades incurables, pero te repito, gracias a Dios ahora soy feliz, mi esposo me quiere y me valora como mujer, no vivo en la opulencia, pero tengo un hogar, atiendo a mis hijos, reconozco que por mí ya pasaron los años, mi belleza se me esfumó, pero ahora soy madre, esposa y abuela, mi pasado ya lo enterré, pero lo recuerdo para evitar que se repita”, concluyó Mariana.

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