Con la tercera entrega de unos “asomos a los misterios del triduo sacro 2026” dedicado a comparar el último mensaje pascual de Francisco y el primero de León XIV creí haber concluido el ciclo de “palabras romanas” en el contexto de la Pascua…
Sin embargo, había quedado dando vueltas en algún “no-lugar” interior la convocatoria a una “vigilia de oración por la paz” para el sábado 11 a las 18:00 en la basílica de San Pedro…
Y, cuando de manera ―hasta cierto punto― casual esa mañana [en el horario local] me topé con la transmisión en vivo del rezo del rosario ―que fue la oración elegida para esta vigilia con la meditación correspondiente de los misterios gloriosos [a pesar de que por ser sábado corresponderían los misterios gozosos]―, me convencí de que, en este contexto histórico en el que ―como lo expresó León XIV ante el cuerpo diplomático en el mes de enero― “la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados [y] la guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende” había que divulgar “urbi et orbi”, al menos algo de dicho mensaje, cuyo antecedente próximo fue la homilía pronunciada el Domingo de Ramos en la que León XIV había dicho, entre otras cosas, que Jesús se presenta como “Rey de la paz” mientras a su alrededor se prepara la guerra; que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos” y detiene al discípulo que ha desenvainado la espada para defenderlo y herido al siervo del sumo sacerdote y que “nuestro Dios [es] un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento; que no escucha la oración de los que hacen la guerra y los rechaza diciendo “por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre” [Isaías 1,15]…
Como era de esperarse, la fuerza de esas palabras resonó de manera especial en su tierra natal y desencadenó una serie de reacciones que también se podían esperar porque desde la perspectiva del poder norteamericano y de las tendencias antinorteamericanas no era difícil identificar al principal destinario de estas palabras, al grado que, unos días después, él mismo “se puso el saco” y reaccionó como, probablemente, también era de esperarse, con una amplia publicación en su red social “Truth Social”
Y, en su mensaje de la vigilia por la paz, tras el rezo de un rosario en el que quedó de manifiesto el carácter universal de la Iglesia católica ya que cada uno de los misterios a meditar estuvo dedicado a un continente [el primero al continente africano; el segundo, al continente americano, el tercero, al asiático, el cuarto al europeo y el quinto a Oceanía], lo que fue simbolizado por un grupo de fieles de cada uno de ellos pasando a encender una luz tomando la llama de la lámpara de la paz de Asís…
Asimismo, el rezo de cada uno de los misterios, fue precedido por una breve lectura bíblica y otra patrística, la primera de las cuales se tomó del pasaje del evangelio de Juan en el que Jesús resucitado se presenta en medio de los discípulos y les saluda diciéndoles “La paz sea con ustedes”…
Algo que llamó mi atención en el rezo del rosario por la paz fue que en lugar de las tradicionales “letanías lauretanas” ―a las que, por cierto, el Papa Francisco añadió tres invocaciones durante su pontificado [Madre de la misericordia, Madre de la Esperanza y Consuelo de los migrantes]―, se cantaron las letanía que aparecen en el Ritual para la coronación de la Virgen María ―las que, por cierto, solo las había oído en un rosario dirigido por el P. Gonzalo Gutiérrez en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Talpa…
Pero, “vayamos al grano”, al mensaje de León XIV en esa vigilia de oración por la paz…
El mensaje central ―con referencias a textos de Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II y Francisco―, se puede resumir en una frase enmarcada entre signos de admiración: ¡Basta ya de la guerra!
Una expresión, antecedida por otras dos expresadas con la vehemencia requerida:
¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero!
¡Basta ya de la exhibición de la fuerza!
Y proseguida por un grito expresado desde ese “yo mayestático” tan trillado recientemente y dirigido a los gobernantes de las naciones [el que trajo a mi memoria espiritual la última homilía dominical de Monseñor Romero]:
“A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte.”
En la oración ―afirma el Papa― “las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a la infinitas posibilidades de Dios. De este modo, pensamientos, palabras y obras rompen la cadena demoniaca del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sólo dignidad, comprensión y perdón”.
Hacia el final, una cita de S. Juan Pablo II en la oración por la paz de febrero de 1991: “Nunca más la guerra, aventura sin retorno; nunca más la guerra, espiral de lutos y de violencia”…
Y, como culmen, una oración por la paz, dirigida “al Señor Jesús”, en la que, entre otras cosas, se dice: “Tú venciste a la muerte sin armas ni violencia”; “Concédenos tu paz”; “envía tu Espíritu […] que convierte en hermanos y hermanas a los adversarios y enemigos”…
Y no creamos que es un mensaje destinado solo a Trump, sino que ―como lo deja en claro el mensaje al cuerpo diplomático―, alcanza de manera particular también a Vladimir Putin y Benjamín Netanyahu, a los ahora denominados “generadores de violencia” y no solo de violencia bélica, sino de todo tipo de violencia: física, sicológica, de género, económica…, o dicho con otras palabras, “de pensamiento, palabra y obra”: y, en último término, a todos y todas “porque la oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes quitándole terreno a la polémica y a la resignación con la amistad y la cultura del encuentro”…
Una interrogante emerge hic et nunc en mi interior… ¿Un pontífice norteamericano será capaz de debilitar al imperio norteamericano como un polaco lo hizo con el soviético?







