El lodo aún cubría los pisos cuando el sol comenzó a iluminar la colonia Demetrio Vallejo, en Ahuacatlán. Las escobas raspaban el cemento, los trapeadores exprimían agua turbia y los muebles, ya inservibles, permanecían en las banquetas como testigos silenciosos de una noche que cambió la vida de decenas de familias.
La tormenta del jueves dejó un saldo devastador: 125 familias afectadas y 69 viviendas con daños de consideración. En algunos hogares, el agua alcanzó hasta un metro de altura, arrastrando colchones, electrodomésticos, ropa, documentos y años de esfuerzo.
Mientras hombres, mujeres, jóvenes y hasta niños, algunos descalzos, retiraban el lodo de sus casas, los patios y las calles se llenaban de colchones empapados, muebles de madera destruidos y montones de ropa que difícilmente volverían a usarse. En los rostros predominaban el cansancio, la incertidumbre y el dolor de quienes, en cuestión de horas, lo perdieron casi todo.

De acuerdo con el presidente municipal, Manuel Ángel Andalón Aguilar las inundaciones fueron consecuencia de varios factores: el cambio del uso de suelo por plantaciones de agave en uno de los cerros colindantes y la obstrucción de los cauces naturales provocados por viviendas construidas en zonas donde no debieron edificarse.
La mañana del viernes, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero llegó a la colonia acompañado por integrantes de su gabinete. Recorrió las calles inundadas, entró a las viviendas afectadas y escuchó de primera mano los testimonios de las familias.

Ahí anunció la entrega de colchones, colchonetas, refrigeradores y otros aparatos eléctricos para sustituir parte del patrimonio que la corriente se llevó.

Al mismo tiempo, personal de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en coordinación con elementos de la Marina, el Ejército Mexicano, la Secretaría de Salud, Protección Civil Municipal y la Secretaría de Infraestructura, trabajaba en la remoción del lodo, con maquinaría, palas y en las labores de saneamiento para disminuir el riesgo de enfermedades.
Entre las historias que dejó la emergencia está la de Rosalía Hermosillo Tapia, paciente oncológica y habitante de la calle 1 de Diciembre número 36. Su ropero, librero, colchón y gran parte de sus pertenencias quedaron inservibles.
Desde las seis de la tarde del jueves comenzó a limpiar su vivienda junto a su hija de 16 años y otro menor de edad. Terminaron cerca de las dos de la madrugada. Apenas descansaron unas horas antes de volver a sacar el lodo, incluso antes de que amaneciera. Su esposo no pudo acompañarlas; se encontraba trabajando en otro municipio.
Como ella, decenas de familias enfrentaron la tragedia con escobas, cubetas y una determinación que contrastaba con el panorama de destrucción. En esta ocasión, coinciden varios vecinos, la ayuda gubernamental llegó con rapidez.

Durante su recorrido, el gobernador aseguró que se aplicará la ley para demoler las viviendas construidas ilegalmente sobre los cauces de agua. No obstante, afirmó que las familias no serán abandonadas y que, en coordinación con IPROVINAY y el Ayuntamiento de Ahuacatlán, se buscarán alternativas para reubicarlas y reconstruir sus hogares en zonas seguras.
También instruyó el inicio inmediato de obras para construir una boca de tormenta que permita desfogar el agua hacia el río que atraviesa la colonia, además de reforzar el servicio de recolección de basura con camiones adicionales.
Ahuacatlán comienza ahora la etapa más difícil: la de levantarse. Entre el lodo que aún permanece en algunas viviendas y la incertidumbre de lo que vendrá, las familias intentan recuperar no solo sus pertenencias, sino también la tranquilidad que una tormenta les arrebató en apenas unas horas.







