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Pestalozzi: ¿Pedagogía o nepotismo y mercadotecnia?

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villarrealpaz.jo@gmail.com

Tal parece, según ofertas educativas de escuelas privadas, que Johann Heinrich Pestalozzi fue un gran pedagogo. Pestalozzi aparece como nombre de diferentes escuelas a las que maestros y padres de familia le otorgan su confianza. Siendo suizo y habiendo llegado a México su nombre, hace creer al lego que su figura representa un trabajo pedagógico prominente. Pero nada más alejado de la verdad. 

Basaré los siguientes comentarios a modo de revisión cronológica en un estudio introductorio a la obra de Pestalozzi hecho por Edmundo Escobar (1975, citado en Pestalozzi, 2011). El suizo nace en la ciudad capital de Zurich en 1746, siendo hijo de un cirujano reconocido y de una madre dedicada al hogar. Sus profesores decían de él ser distraído, meditabundo y tener un futuro poco provechoso.

Estudió humanidades en El Colegio de Zurich, pero no terminó. Luego estudió teología, que abandonó. Intentó estudiar leyes, pero ocurrió lo mismo. Finalmente estudió agricultura con un importante agrónomo amigo de su padre, pero ¿Saben qué ocurrió? Volvió a abandonar. Pestalozzi era “un joven sin profesión ni fortuna” (Escobar, 1975, p. xv, citado en Pestalozzi, 2011). 

Pestalozzi deseaba formar una familia, pero los padres de la mujer se oponían a la unión. Finalmente se casó y tuvo un hijo. Su suegro era una persona rica, que ni con todo el dinero pudo salvarlo de su trabajo agrícola. Fracasó a consecuencia de falta de conocimientos, organización, derroche y gastos inútiles. (Escobar, 1975, citado en Pestalozzi, 2011).

Se tuvo que mudar a otra ciudad en la que fundó «Neuhof» (Granja Nueva). Allí produjo leche, queso e hilados de algodón. En ese lugar se le ocurrió reclutar niños pobres a cambio de alimento y vestido. El trabajo de esos niños era su mantenimiento. Pero volvió a fracasar. La granja no daba para tanto. Así que se le ocurrió hacer un llamado a la sociedad en la que ofrecía educar niños pobres a cambio de sostener su granja mediante cooperaciones económicas. Funcionó por un tiempo, pero luego se cortó la ayuda. 

Endeudado, con carencias alimenticias y de salud, la gente comenzó a llamarlo “espantajo y loco” (Escobar, 1975, p. xvi, citado en Pestalozzi, 2011). Su amigo Isaac Iselin, dueño de un periódico, le ayudó publicando sus cartas. Füssli, otro amigo editor, le ayudó con folletos y ensayos. Isabel Naf, una joven inteligente, lo apoyó organizando su hogar y su vida. Escribió una carta a Méyer, nuevo Ministro de Justicia de su país para ofrecerle su servicio como educador. Logró la aceptación y el gobierno le financió un nuevo instituto y le encargaron escribir un semanario llamado «La Hoja Popular Helvética»

Pestalozzi alternaba en el instituto tareas de director y de instructor, pero al poco tiempo se advirtió de no poder llevar el curso. Sus amigos decían que él era más teórico, no práctico. A pesar de eso, de ser incapaz de instruir un curso, otro amigo, un ministro de nombre Stápfer, le consiguió una licencia de maestro y una fundación llamada Sociedad de Amigos de la Educación. 

A partir de esto, los textos de Pestalozzi se popularizaron, su figura fue lanzada por los aires europeos y comenzó a formar a futuros maestros. Sus amigos se encargaron de defender su obra y de traducirla para hacerla llegar a diferentes países. Por sugerencia de su círculo cercano, escribía y publicaba cada problema, experiencia buena o mala, sea del campo de la pedagogía o de la política. Murió fuera del aula, entre funcionarios.

Pensemos entonces. ¿Fue Pestalozzi realmente un pedagogo? ¿Tiene su obra valor para la pedagogía? ¿Cuál es la verdadera razón por la que su nombre sigue entre nosotros? Pestalozzi hizo pedagogía a través de la prensa, por sus amigos y para conseguir poder. Cuando enseñó a los pobres fue a cambio de su mano de obra. Ninguno de sus proyectos duró más de cinco años. Nunca concluyó ningún estudio. El único certificado profesional que recibió fue de maestro, y fue gracias a un amigo suyo en el poder. Aun así, fue formador de docentes. Pobres de ellos.

Los mismos biógrafos cuentan que no tenía interés por las humanidades ni por el estudio mismo; que tampoco era bueno organizando su propio hogar, la crianza de su único hijo ni cumpliendo con responsabilidades laborales. En su biografía quedan relucir las relaciones públicas como soporte de su pedagogía. Utilizó a los medios y las figuras importantes de su tiempo para agrandar su nombre. Pestalozzi es otro ejemplo de la decadencia educativa y del profesorado. Pestalozzi no es el padre de la pedagogía moderna, es padre de la pedagogía nepotista. ¿A cuántos “Pestalozzis” conoces tú?

Referencias

Escobar. (1975). Estudio introductorio. En Pestalozzi, J. E. (2011). Cómo Gertrudis enseña a sus hijos; Cartas sobre la educación de los niños; Libros de educación elemental (prólogos). Porrúa.

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